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› Por El Lector Americano
(Burke, 18 de noviembre de 2025)
Bajarte de un hondazo. Así se dice en el lenguaje popular cuando “te creíste campeón de nada”, y te bajan de arriba de un piedrazo. Hoy tengo la necesidad de bajar un cambio y ser realista. Así te aconsejan los buenos amigos cuando te creíste dueño de la narrativa del tiempo real, donde suceden las cosas. Y claro: en política se puede ser cualquier cosa menos ingenuo.
Hoy subyace la necesidad de bajarse del caballo. Así también debiera ser la vida de verdad cuando la realidad se asoma con prepotencia, y en tiempo real. Sobretodo cuando los sueños son abatidos por el ruido, y las cosas que pasan dejan de ser una abstracción y se hacen realidad. Solo te queda estar en acción, en cuerpo y alma. Y las últimas elecciones presidenciales en Chile dejó de manifiesto de cómo está todo en la política latinoamericana. De cómo el hastío le quita sentido a las palabras, y desdibuja a un país más cercano, de pertenencia.
Bajarse del caballo también debiera significar abandonar las ideas en abstracto y todos los conceptos puristas de idealismo edulcorado. Bajarse de una vez por todas de “la nube de pedos”, y saber que sí podemos darnos un tiro en el pie, o apretarnos los dedos en la puerta, y pensar (si gana la extrema derecha) que otra vez deberemos practicar cómo escapar de la policía en las marchas por más democracia. A saber que nos podemos chocar con un vecino “facho pobre”, y saber que tendremos que hacer equilibrio como siempre.
Los resultados de estas elecciones, tiene mucho análisis político, pero lo que es seguro es cómo se nos presenta esta época que vivimos en Chile, y en el resto del continente. Preguntarnos por qué la gente/pueblo vota a un tipo (más tres candidatos más de derecha), que representa a los dueños del poder total. A un representante de una élite que siempre fue minoría, y que hoy nos hace preguntarnos porqué el pueblo eligió lo impopular por sobre lo popular.
¿Será que esta elección chilena es la obra cumbre del algoritmo, y una bajada de caña del poder real de Chile al resto de la gente?
¿Acaso los chilenos de a pie creyeron que valían más?
¿Quién les habrá dicho a los atorrantes* que tenían derechos?
*Así caracteriza la clase alta al chileno común.
Quizás esto es puro algoritmo y el último domingo fue solo una mala elección.
Digo, tampoco es que los atorrantes tuvieron muchos derechos antes. Pero esta claro que algunos atorrantes se han convencido de esto, y por eso no fueron a votar. Porque el porcentaje mayor se dio en el voto nulo o en blanco.
Lo cierto es que ahora hemos quedado más divididos entre los que están en el mundo color esperanza, con grandezas y miserias, y los que viven una realidad paralela. O quizás somos unos pobres diablos que debemos agradecer que nos tiren una migaja de vez en cuando.

También hay que darse por enterado que el anticomunismo, y el antiizquierdismo en general, salió a votar a favor del candidato José Antonio Kast. El tipo que reivindica a Pinochet, el que quiere echar del país a los extranjeros. El millonetes que tiene sus cuentas bancarias en Panamá, el candidato/diputado que votó en contra de todas las reformas sociales: los jubilados, mujeres, y de los que nada tienen.
El es un candidato que hace mal uso de la palabra, las cuales fueron escuchadas por los oídos sordos. Un candidato que normalizó el quiebre del contrato democrático, que permitió todos estos años la convivencia nacional pese a las diferencias.
Unas elecciones chilenas que propuso una candidata que milita en el Partido Comunista de Chile, y sí, es verdad, el nombre del partido asusta a las abuelitas. Pero también es cierto que en Chile ser comunista es otra cosa. Digo, el PC nunca funcionó como un partido único, por ejemplo, sino como un referente de la historia de la izquierda nacional en la democracia chilena. Tampoco tiene que ver con el mito que dice que los comunistas se comían a los bebés en la URSS, Cuba o en Europa del Este.
Por eso es necesario volver a tierra firme porque justo allí se deshace el cuento del anticomunismo: y recordar los años que van desde el golpe de Estado de 1973 hasta 1990, y el pueblo chileno pasaba hambre. Recordar el Chile fascista del eslogan: “contra la recesión hay que apretarse el cinturón”, pero esto no alcanzó porque la muerte llegó antes.
Pues bien, justo allí, en la buena memoria, es donde muere la propaganda de la derecha, y queda en evidencia la vulnerabilidad de las mayorías que se exponen ante los lobos que no disimulan sus intenciones.
También es bueno mirar el mundo en que vivimos hoy. La debacle del “mundo de los aranceles”, con abusadores presidentes millonarios. O, algo más dramático aún, como esas filas de muertos en las favelas de Río de Janeiro hace unos días, para después enterarnos que fue una acción armada del gobernador bolsonarista Claudio Castro. Gente ejecutada sin la mínima certeza de quiénes eran, que usó la ultraderecha brasileña. Fascistas que hoy no regalan cajas de comida a los pobres, sino muertos a la pudiente sociedad carioca para hacer política y complacerles.

Así está la cosa. Esta es la realidad paralela que hoy vivimos. Donde las noticias falsas se toman como verdaderas, y se vota elegir la “libertad de los más fuertes” para aplastar a los débiles, y lo peor, endosados por débiles que fueron transportados al otro lado. El lado siniestro de la “política ficción” que se chupa todo.
Esto me retrotrae a una nota que escribí en 2006, cuando asumió el primer gobierno de Michelle Bachelet, y allí escribí sobre aterrizar a la realidad. De los deseos que uno tiene cuando empieza un nuevo gobierno. Veníamos del gobierno de Ricardo Lagos, antes de Frei, antes de Aylwin, y la decepción con la Concertación Democrática era evidente. Entonces con los augurios en baja, como ayer, o como hoy, me pregunto:
¿Qué país deseamos los chilenos para reponer promesas incumplidas? Promesas que no conocimos, y menos conocieron nuestros padres y abuelos. Digo, en mi fuero íntimo, desear que en todo los niños chilenos desayunaran con leche y tostadas con mantequilla y miel. El deseo que el hijo del campesino tuviera una sala de urgencias, pan fresco, o un pastel de cumpleaños. Porque cuando un pueblo es feliz esa felicidad se mide en la simetría de unos con otros, con los pies en el piso, que es donde se produce y siente la pulsión nacional y popular.
Estás nuevas elecciones chilenas ha sido una nueva patada en el hígado. Volver atrás, la derecha que tanto daño, es una pesadilla tan elocuente, que solo podemos aspirar a tener un deseo fatuo. Como ese meme/cartel que apareció en la red que me dejó patidifuso:
“Chile se la juega contra de Alemania en segunda vuelta este 14 de diciembre”.
Y claro, me olvidé comentar que los tres candidatos de la derecha, Kast, Káiser y Evelyn Matthei son de origen alemán: o hijos o nietos de alemanes. Es más, José Antonio Kast es hijo de un nazi hecho y derecho.
Sí, el meme/cartel no sería un buen chiste sino gozara de una ingente verdad que perturba.
¡Ufff…!
A lo mejor solo se necesita revivir un deseo colectivo con los pies en la tierra, y evitar que el próximo 14 de diciembre, nos borren de un hondazo y nos vayamos de “espalda al loro”, que es como se dice en Chile cuando te vas al patio de los callados….
