Historia musical policial: aporte de la banda de músicos de la policía nacional a la cultura popular peruana

Suboficial Brigadier Miguel Garbay, dirige la orquesta de la Policía Nacional del Perú. Foto cortesía

Recopilación: Miguel Angel Garbay Bravo

(Nota de Redacción). El autor del presente trabajo académico es el director de la Orquesta Internacional de la Policía Nacional del Perú́, Asesor Musical y Arreglista de la Policía Nacional del Perú. El suboficial brigadier Garbay Bravo es el encargado de liderar a los músicos que tienen como punto de encuentro central la Plaza Italia en el Cercado de Lima. Sin embargo, también se movilizan a distintos distritos y zonas fuera de la capital peruana para para acercarse a la ciudadanía y difundir el arte musical. Actualmente esta orquesta es la sensación en las redes sociales. Merecen salir fuera del país en giras internacionales empezando por Nueva York.

Historiar la relación entre la institución policial y la cultura popular es un aspecto sumamente importante a resaltar, ya que sirve de marco para comprender el arraigo muy al margen de las funciones propiamente policiales que tiene esta institución en la población. Siendo la base social de los componentes de la policía algo que no hace más que remarcar lo dicho en su himno: «… Pueblo hecho Ley…», debe de agregarse que su trabajo transcurre ligado a la cotidianeidad de la vida social, lo que permite entonces tener un vínculo con la población que suele ir más allá de lo funcional y asume manifestaciones extra – policiales. Un claro ejemplo de ello es el culto que la institución policial ha desarrollado en torno a Santa Rosa de Lima, del cual sería todo un tema aparte el tratar, pero al igual de este aspecto, tenemos que señalar cómo “La Música”, manifestación del alma popular, ha servido de punto de encuentro entre la institución policial y la cultura nacional, y que es nuestra intención historiar.

Exitosa presentación en el teatro Municipal de Lima. Foto cortesía.

Sin duda alguna, resulta elocuente apreciar una famosa acuarela de Pancho Fierro en donde se aprecia a un gendarme herido y paciente del Hospital de San Bartolomé, bailando zamacueca (antecesora de la marinera) con una religiosa, muy al margen de lo iconoclasta del asunto, debe de resaltarse para el tema que tratamos, a que lo castrense policial ha estado cercano  a las manifestaciones musicales del pueblo, elocuentes dibujos de Juan Mauricio Rugendas y de Léonce Angrand, permiten apreciar gráficamente el campo de lo musical como punto de encuentro entre la población y el mundo de los uniformados.

Recuérdese que las instituciones policiales del siglo XIX no tenían un origen anclado en un campo definido estrictamente como policial, definición que hizo posible una especialidad y por ende una profesión, aspectos logrados sólo a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, antes de ello, el mundo de lo castrense podía tornarse en policial de acuerdo a lo dispuesto por alguna reforma de turno. No obstante, debe de hablarse de estas instituciones antecesoras de la moderna policía como el hilo conductor para historiar esta relación Pueblo – Policía y el aporte de ésta a la cultura popular a través de la Música. Queda para ello, la Gendarmería, como la institución policial que en cierta forma, a partir de un aire castrense iría asumiendo perfiles funcionales más policiales. Nacida de la reforma de 1852 durante el Gobierno de José Rufino Echenique, en pleno auge de la prosperidad que trajo consigo la explotación del guano, fue la primera institución policial de cobertura nacional con un comando descentralizado (dependía de la autoridad prefectural en cada departamento y en esa línea de comando del presidente de la República) y unidad de función.

Esta institución emanada desde lo castrense, traería consigo algo muy propio de la tradición musical del Ejército: las Bandas de Música, Bandas que no solo servían para acompasar las marchas de estos cuerpos del Ejército, con la marcialidad que necesitaban para contagiar el sentimiento patriótico de alguna causa a quienes desde la civilidad observaban estas manifestaciones del poder armado de una colectividad. La Música era entonces el punto de encuentro entre ciudadanos y soldados, como se puede entender a partir de una pieza como la de Manuel Bañón y su Ataque de Uchumayo, pieza característica de las bandas militares y que inicialmente fuera conocida como “La Salaverrina”, siendo esta al parecer de origen espontáneo y anónimo surgida al calor del aura del caudillo Felipe Santiago Salaverry, en plenas guerras contra el proyecto de Confederación de Santa Cruz, marcha que Basadre cataloga como profundamente criolla y que junto con la Marcha Morán nacida en 1854, pieza fúnebre creada para honrar al prócer venezolano Trinidad Morán fusilado en medio de las veleidades de las guerras civiles de caudillos, son piezas musicales que sirven de emblema de la tradición musical de las bandas militares.’

Las bandas militares tienen una larga trayectoria ligada a la necesidad de musicalizar los aires marciales de quienes vestían el uniforme desde tiempos coloniales, ya en 1716, el pintor Melchor Pérez Holguín retrata la Entrada a la Villa Imperial de Potosí del Virrey Don Fray Diego Morcillo Rubio de Auñón, Arzobispo de La Plata, incluyendo en su composición el desfile del gobernante presidido por un cortejo de banda de músicos con trompetas, atabales y chirimías, instrumentos que serían la base de las bandas coloniales, y estas se hacían presentes en cuanta festividad importante había, tal y como se puede colegir del trabajo de Rosa María Acosta (1997), como las Juras Reales, Pases de Estandarte y ceremonias de recibimiento de Virreyes como la aludida pintura que grafica esta tradición de larga data.

Al parecer en la medida que la militarización de la sociedad borbónica del Perú – iniciada en el siglo XVIll -, se afianza con la contra insurgencia desatada por el Virrey Abascal, las bandas militares tendrán mayor amplitud en torno a su proyección, tal y como lo cuenta Ricardo Palma en su tradición “Un despejo en Acho”, en donde en medio de las corridas de Toros, salía una compañía de soldados a hacer evoluciones casi coreográficas al son de las bandas militares para entretenimiento de los asistentes, al parecer idea de los acaudalados criollos que conformaban el batallón de la Concordia y que sin duda era parte del comportamiento señorial para con las masas.

La orquesta de la PNP en la plaza Italia en Lima. Foto cortesía.

Lo importante de todo ello, es que se comenzó a crear un vínculo entre los cuerpos armados y la población a partir del cultivo del arte musical, no en vano Pedro Benvenutto en sus memorias de una Lima de fines del siglo XIX, evoca a las bandas de músicos de los cuerpos del Ejército acantonados en el Cuartel de Santa Catalina, que tras dar retreta en Santa Teresa retornaban a golpe de las 9 de la noche a su sede, atravesando y alborotando a su ritmo a los vecinos de la Plazuela de San Carlos. En todo caso, la retreta no necesariamente implicaba salir del cuartel, el mismo autor nos dice que en el cuartel de Matamoros, ubicado en la vecindad de la Plazuela de San Lázaro, la banda daba retreta en el patio del cuartel o en la puerta del mismo. Estos recuerdos que se remontan a 1886, aluden a dos cuarteles que sirvieron de sede a la Gendarmería de Lima como a batallones de línea del Ejército.

Las bandas militares acostumbraban a ofrecer recitales públicos o retretas donde se tocaban los temas de moda y temas populares, siendo un gran exponente de ello el compositor de origen filipino José Sabas Libornio autor de la “Marcha de Banderas” en 1898 y director de las bandas del Ejército quien también pasaría a prestar servicios en la gendarmería, y que fue un prolífico compositor de valses criollos como «En la hamaca», «Mis ensueños», «La Perla del Pacífico», «Hortensia», «Jardín de Flores» entre otras. Esta incursión en la cultura popular vía la música es también rescatada por Benvenutto, quien al evocar a la Alameda de los Descalzos, alude a los miembros del Regimiento de Caballería Sama Pachía que acantonados en el cuartel de San Francisco de Paula el Nuevo, soldados de origen afro peruano tocaban el cajón y la guitarra, como armadores y asistentes de las jaranas que se daban en las tardes criollas de dicho espacio.

Para el naciente siglo XX, el gobierno de López de Romaña el 1 de agosto de 1901 expidió una resolución suprema por la que la gendarmería en mérito a sus servicios, era objeto de consideraciones que la llevaban a gozar de derechos en igualdad a los que gozaba el Ejército. Se dispuso también el desdoblamiento de la Gendarmería de Lima en batallón 1 y 2 tal y como lo había hecho Castilla en 1861. Durante la primera década del siglo XX el desdoblamiento se hizo insuficiente, de allí que funcionarían el Batallón de Gendarmes N° 1, el Batallón de Gendarmes N° 2 y el Batallón de Gendarmes de Lima. El primero de los nombrados tenía una organización de infantería, dedicada exclusivamente para el servicio urbano y ubicado en el Cuartel de Santa Ana, en la Calle Sacramento en Barrios Altos. El Batallón de Gendarmes N° 2 agrupó a los efectivos de caballería que prestaban servicios en las zonas rurales de Lima ocupando el cuartel de San Lázaro en el Rímac.

Lo criollo pervivía en fondas, callejones, chinganas y chicherías de Barrios Altos y el Rímac, y tales jaranas tenidas como escandalosas eran intervenidas por la policía, pero eso no significó que a ella se unieran miembros de las clases medias e incluso alta, en todo caso le cupo a la policía a través de la gendarmería en un inicio y luego de la Guardia Republicana en constituirse en paradójico reducto de lo criollo, además, la extracción popular de sus miembros, su cercanía y familiaridad con los contertulios y la tradición musical que ya hemos aludido eran suficiente para que se diera esta artística comunión que terminaría en decantar en los 119 años de ilustre trayectoria de la Banda de Músicos de la Policía Nacional del Perú.

Esta Banda nacería en el seno de la gendarmería, cuando el 06 de agosto de 1906, justamente durante el gobierno del Presidente José Pardo y Barreda, consideró que al desdoblamiento de las fuerzas de gendarmería de Lima antes mencionado, se adicionara una banda de músicos, los cuales en número de cuarenta integrantes, con su primer director el Capitán Nicanor Tapia Mendizábal y tomando el nombre de Banda de Músicos de Lima, se acantonarían en el Cuartel “Sacramentos de Santa Ana”, tradicional espacio de la Lima decimonónica. Es así que tras seleccionar a los mejores músicos de las bandas militares y en el seno del Batallón Nro. 1 de Gendarmes nacería la leyenda.

Pronto se ganaría la predilección del gobierno como de la elite de la sociedad limeña y pueblo en general a quienes deleitaba con sus presentaciones en paseos, parques y plazas públicas de Lima, siendo el propio presidente Pardo uno de sus más entusiastas admiradores, se cuenta que en su debut en la Plazuela de Desamparados, la retreta no pudo ser más exitosa, emocionando al propio Presidente Pardo quien exclamó: ¡Qué buena Banda!…i ¡Esta sí que suena perfectamente!… Ese mismo año ganaría su primer galardón otorgado por el Alcalde de Lima, una medalla de oro y un diploma que acreditaba el reconocimiento a su excelencia musical en la interpretación. Para el año 1918, su arte tendría la oportunidad de ser reconocido en el ámbito internacional, al ser Invitada a la hermana República de Chile con motivo de la celebración del centenario de su aniversario patrio.

La reforma policial planteada por el afán de modernizar y fortalecer al Estado, emprendida por Leguía el 23 de diciembre de 1923, cambió de nombre al batallón Nº 01 y 02 de la Gendarmería por la de Regimiento Guardia Republicana, el mismo que se constituyó en base a los 480 gendarmes de infantería a la que homologó en cuanto a su organización como regimiento con los cuerpos del Ejército existentes. Esta disposición referida a la Guardia Republicana, pretendía asignar al nuevo cuerpo funciones similares al de su homóloga francesa, al constituirse en fuerza de seguridad con características castrenses ligada al  Estado, sus funcionarios y sus bienes e infraestructura.

Ya desde el triunfo del 4 de julio se hallaba presente en la agenda del nuevo presidente y a sugerencia del General Gerardo Álvarez, la creación de un cuerpo militar similar al de la «Legión de Guardia Republicana de París» cuerpo francés que impresionara por sus servicios durante su estadía en dicho país al General Álvarez. Este cuerpo descendía de la antigua Gendarmería Imperial que se fundara durante el fenecido segundo Imperio de Napoleón III en 1853, la misma que había tenido diferentes denominaciones como la de Gendarmes Escogidos, Guardia Imperial, Gendarmería Imperial de París y Guardia Cívica.

A semejanza de este cuerpo es que se crea la Guardia Republicana en base al Batallón de Gendarmes N° 1, organizado como batallón de infantería cuya función sería la de mantener el orden público, la custodia de Palacio de Gobierno, edificios, prefecturas y otros edificios públicos que requieran su vigilancia. Sería su primer jefe el Sargento Mayor Florentino Bustamante.

El Regimiento Guardia Republicana se constituyó con dos batallones, cada uno de dos compañías, una plana mayor, una sección fuera de línea y una sección de ametralladoras más la banda de músicos pertenecientes al viejo Batallón de Gendarmes N° 1 formado en 1906, que para entonces ya contaba con 50 músicos, distribuidos con un primer músico, un segundo músico, apoyados por 12 músicos de primera, 15 músicos de segunda y 21 músicos de tercera.

Para el Centenario de la Independencia Nacional en 1921, la Banda de Músicos de la Guardia Republicana, como era ya conocida tras la reforma mencionada, estrenaría un vistoso uniforme de gala en tela pana, de color rojo y negro siendo por entonces también reconocida como la “Banda Presidencial”, actuando en todos los actos protocolares a los que asistía el primer mandatario además de estar presente en los saludos protocolares de los representantes diplomáticos acreditados en el país.

Con el uniforme rojinegro de gala asistirían también a las celebraciones conmemorativas de la Batalla de Ayacucho por su centenario en 1924, conservando estos colores para ceremonias oficiales, teniendo por entonces en sus filas  a  120 músicos,  desplegando  la  misma  maestría  y arte en sus ejecuciones. Harían honor a su estatus de Banda Presidencial cuando en los homenajes hechos al Presidente Augusto B. Leguía en 1928, fueron galardonados como los ganadores del concurso de bandas que se hizo por entonces, con la composición «Guardia Civil Peruana», inspiración del Músico de Primera José Martínez, ganando el mismo concurso al año siguiente con la composición «30 de agosto», esta vez del Músico de Tercera Julio Bazán.

Destacarían músicos de renombre en la dirección de esta banda, como el Capitán Asimilado Nicanor Tapia y el también Capitán Músico José Sabas Libornio como el Teniente Coronel Músico Ferdinandro Sannicandro, italiano de nacimiento, peruano de corazón, el mismo que tras ejercer el cargo de Director en 1948, sería asimilado a la Guardia Republicana con el grado de Capitán en 1950, ascendiendo en virtud a sus méritos musicales al grado de Teniente Coronel, quedando su trayectoria profundamente ligada a la historia y leyenda musical de esta Banda, por encima de su injusta separación que por razones de burdos procesos administrativos, quedara alejado del cargo que ejerciera por 22 años al serle retirado el grado y ser recategorizado como Empleado Civil sin la menor consideración a su dedicación y trayectoria, infausto hecho ocurrido en 1970, y que esta nota quiere reparar en algo al señalar el significativo impacto de su conducción y trabajo en el profesionalismo adquirido por nuestra centenaria Banda.

Esta prolífica labor, determinaría que en el Gobierno del presidente Manuel Prado Ugarteche en 1940, la Banda de la Guardia Republicana fuera reconocida como la Banda Oficial del Estado Peruano, a cuyos acordes partieron los Guardias Republicanos al frente de guerra en el norte, en defensa de la Patria en 1941. Posteriormente, en 1949, un nuevo galardón cosechado por los músicos de la Banda de la Guardia Republicana quedaría en su historial, al ser felicitada el 7 de diciembre de 1949 por el Comité Ejecutivo de la Feria de Lima, por su destacada participación en dicho evento, destacando especialmente la dirección del brillante Teniente Coronel Ferdinandro Sannicandro.El año 1950 vería a la Banda de la Guardia Republicana como vencedora de un concurso nacional en el cual participaron la Banda de la Marina de Guerra, el Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Civil, además de ser merecedora de una felicitación por parte del entonces Excelentísimo Embajador del Reino de Bélgica, emocionado y reconocido por la hermosa ejecución del himno de su país en la ceremonia de su acreditación ante el Presidente de la República, hecho que se repetiría posteriormente en 1958 con el representante diplomático del Líbano, quien en similar circunstancia supo felicitar la maestría en la ejecución de su himno patrio.

Volviendo al tema del aporte musical de la Banda policial al alma y repertorio de la música popular, debemos decir que en la medida en que avanzaba el siglo XX, los gustos musicales de las élites se apegaban a lo dictado desde las metrópolis europeas, y se denigraba a lo criollo como un elemento característico de la cultura popular urbana, por entonces despreciada y sometida a control, donde lo criollo y los criollos eran tenidos como carentes de ideales, de voluntad, tachándolos como de carácter débil, ociosos, amantes de fiestas, derrochadores y de cortesanas costumbres, lo menos indicado para un ethos moderno que lleve al progreso y la industriosidad aspirada. Sin embargo, pese al prejuicio de las élites, el arte puesto en las retretas por parte de los músicos de la Banda de Gendarmes primero y de la Banda de la Guardia Republicana después, terminarían por acercarlos a estos gustos populares, siendo así La Música un punto de encuentro social de señores y la plebe en los también democráticos espacios de las viejas plazuelas limeñas.

Por otro lado, la cercanía con el cotidiano transcurrir vital de la plebe urbana y por ende con la cultura popular, terminó por generar una cercanía de los miembros policiales a este mundo, prueba de ello es la presencia de estos agentes policiales en las mencionadas jaranas, adquiriendo especial renombre el Mayor de la Guardia Republicana Alejandro Ayarza Morales conocido como «karamanduca», preclaro miembro del grupo «La Palizada», quien junto a José Ezeta, Teniente Coronel y el también Mayor Augusto Paz, todos ellos miembros de la Guardia Republicana, se constituyeron en una proverbial trilogía de policías miembros de la gente bien, que frecuentaba los estigmatizados espacios de la plebe urbana y que compartía con ello sus jaranas, al punto de convertirse en adalides de la cultura criolla, jaranas que empezaban en Amancaes y terminaban casi siempre en Piedra Liza.

La Palizada era en realidad una pandilla urbana que apareció alrededor de 1886, se dice que su nombre viene con los gritos de alarma de una sobrecarga del Rímac en época estival que trajo consigo una serie de palos y ramas de árboles arrastrados por su corriente, «viene la palizada, viene la pallzada» era el grito de alarma con que quedaría bautizada esta agrupación de faites. Hasta El Comercio en 1905 se refería a ellos como: «Conjunto híbrido de matones y faites ociosos y despreocupados, que ponen en la fuerza de sus puños y más que en ella, en la del número, todos sus derechos y su única razón de ser». En medio de la exclusión y control a la que se sometía a lo popular por parte del ejercicio autoritario del poder por parte de las élites, ésta perfiló una peculiar actitud a partir de la violencia y su exaltación que trajo consigo la figura popular del faite de antaño, un equivalente a los guapos de barrio del Buenos Aires de la misma época, y que de esa forma obtuvieron el logro de un reconocimiento y un respeto, una honra y fama que sólo podían ganar así, para sentirse en parte igualados en consideración a como lo eran los envidiados y mal llevados personajes de la elíte social limeña.

A este grupo se integraron Ayarza y otros camaradas de armas como José Ezeta, teniente coronel de gendarmes y el mayor Augusto Paz, famoso por cargar a sablazos contra los estudiantes que hacían manifestación pública de protesta contra el gobierno de Leguía en 1911. Sería Ayarza quien enriqueciera el cancionero criollo con el vals “La Palizada”, himno de estos alegres contertulios que escandalizaban a las élites por su peligrosa y «denigrante» convivencia con el elemento popular, toda una declaración de principios de lo criollo y de la faiteria de entonces, jaraneros en principio, pero, «… si se trata de dar trompadas también tenemos disposición… Viva la gente de gran valía/ viva el dinero, viva el amor,/ vivan las hembras, la pulpería/ y el aguardiente que da valor.»

Pero no serían los músicos de la Guardia Republicana los únicos forjadores de la tradición actual de arte y maestría de la que gozan actualmente los músicos de la Banda de la Policía Nacional del Perú. La Reforma Policial emprendida por Leguía en 1921, generó como institución policial a la Benemérita Guardia Civil del Perú, la misma que durante el Gobierno del Presidente Manuel Prado, el 7 de enero de 1943, contaría con los servicios de una Banda de Músicos que pasó a denominarse como Banda de Música de la Escuela de la Guardia Civil y Policía, siendo su primer Director, el mayor GC Constantino Freyre Aramburú, secundado por el Sargento Primero Músico Marcial Matheus Alvarado, contando con 37 efectivos fundadores. Otra de las Instituciones nacidas de la Reforma de 1921, la Policía de Investigaciones del Perú, conocida Inicialmente como Cuerpo de Investigación y Vigilancia, entró a tallar en la gesta musical policial cuando el 01 de octubre de 1968, es fundada su Banda de Músicos, siendo su primer Director el Suboficial de 3ra. PIP Darío del Castillo Mesa, apoyado por 8 músicos fundadores, para luego incrementar su número a 103 músicos bajo la batuta del Suboficial de 3ra. PIP. Walter Isaac Effio Martínez.

Esta tradición musical llevaría a que en la Guardia Republicana se constituyeran espacios para que los músicos de la banda pudieran constituir otras agrupaciones igual de afamadas como un conjunto criollo y un conjunto vernacular, además de cultivar música culta con orquestas de cámara y coro polifónico. Sería su último Director el afamado compositor Coronel Víctor Cuadros, el mismo que pasaría a ser tras la unificación de las fuerzas policiales el 6 de diciembre de 1988, el primer Director de la Banda de Músicos de la Policía Nacional del Perú, acontecimiento que se hizo real el 20 de noviembre de 1994, crisol de la tradición musical de las instituciones policiales, ya que los músicos de la Guardia Civil y la Policía de Investigaciones pasaron a conformar esta agrupación, sumando un número de 603 músicos, teniendo como sede el Complejo Policial Comandante PNP Juan Benites Luna en el tradicional distrito del Rímac.

Con la unificación, la Banda de la Policía Nacional del Perú heredaría de los tres institutos policiales que la precedieron, no sólo la leyenda y la mística artística de los músicos policiales, sino también el rico acervo musical construido hasta entonces, el mismo que es conservado en la Musicoteca que se precia de tener partituras de todos los Himnos Nacionales del mundo, así como canciones populares en su momento, como por ejemplo, «Perú» y «Estado Mayor» escritas a principios de siglo por los maestros Pedemonte y Santos Libornio respectivamente, así como el inmortal «Cóndor Pasa» del maestro Daniel Alomía Robles y un ejemplar de la Opera «Aida» del inmortal compositor italiano Gluseppe Verdi, así como la nacional marcha «Sesquicentenario» del compositor Jaime Díaz Orihuela, tema que ganara el concurso que en 1971 se hiciera con ocasión de los 150 años de vida independiente, ganando el trofeo «José Bernardo Alcedo».

Durante la pandemia en el restaurante de D’Paso, donde se hizo el video por el aniversario de Chile. Foto cortesía.

Muchos son los reconocimientos que adornan esta rica centenaria tradición musical como las que hiciera el Concejo Provincial del Cusco, el Concejo Provincial de Huaraz, el Concejo Distrital del Rímac, la ciudad de Tumbes, la Embajada Argentina, así también instituciones como el Rotary Club de Sullana, la Confederación lnteramericana de Trabajadores Estatales, la Federación Peruana de Atletismo, la Federación Peruana de Lucha Libre, el Club Taurino San Lorenzo, el Jockey Club del Perú, el Festival de la Marinera, de la Escuela Superior de Educación «Leoncio Prado» entre otras instituciones públicas y privadas que han quedado agradecidas por el arte brindado.

En tanto la Banda Oficial del Estado Peruano, ha heredado la misión de ser la encargada de entonar las marchas militares en las Grandes Paradas de Fiestas Patrias y de los Desfiles Cívico Patrióticos que por esas fechas se realizan, además de musicalizar las ceremonias de presentación de Credenciales de los Excelentísimos Embajadores del Cuerpo Diplomático acreditado en el Perú y brindar también el marco musical en las fiestas jubilares que celebran en su momento las capitales de Departamentos del interior de la República, destacándose en este aspecto las fiestas del Inti Raymi en el Cusco y el Festival Internacional de la Primavera de Trujillo. Sus músicos acompañan también a los eventos deportivos oficiales a nivel de selecciones, así como a tradicionales eventos como la taurina Feria del Señor de los Milagros, y ejecuta ritmos religiosos que acompasan las salidas del Cristo de Pachacamilla por las calles de la ciudad capital.

Esta es la trayectoria centenaria de la Banda de la Policía Nacional del Perú, la misma que al margen de ser ratificada el 06 de agosto del 2006 por el Consejo de la Medalla del Congreso de la República como  Banda Oficial del Estado Peruano con motivo de su centenario; en virtud a su celebrada destreza, y la manifiesta calidad artística de sus miembros, ha sabido llevar con altura este título, sino que también en su historia se puede apreciar una trayectoria de estrecho vínculo con el alma nacional al estar siempre cerca de su sentir más profundo, hilvanando los aires musicales con los cuales late el corazón del pueblo peruano y que seguirá regalando sus acordes por muchos años más.

Biografía del Suboficial Brigadier Miguel Garbay Bravo.

Nació en Lima el 9 de enero 1967. Sus estudios primarios los realizó en el Colegio Nuestra Señora del Tránsito en el Calle Mascarón del Prado en Barrios Altos y los estudios secundarios en el Colegio Nuestra Señora de la Merced, lugar que incentivó su amor por la música integrando la Banda de ese centro educativo desde el año 1981 hasta 1983.

Estudió música en el “Instituto Musical Bach” siendo alumno del Maestro Wilfredo Tarazona, posteriormente fue alumno de Armonía, Instrumentación y Dirección de los Maestros: Armando Guevara Ochoa, Manuel Pérez Acha, Pedro Vila León, Víctor Cuadros Rodríguez y de la Maestra Edelmi Chávez Lucio.

Ha realizado más de 150 adaptaciones de música popular al género Marcial destacando como compositor de la Marcha “Dios, Patria y Ley” compuesta en 1997 e interpretada por las Bandas de muchas instituciones civiles y militares.

El año 1988 ingresa como Suboficial asimilado en la Guardia Civil del Perú, en la cual se desempeñó como arreglista musical hasta el año 2004 en que es nombrado Asesor Musical de la Policía Nacional del Perú.En la actualidad se desempeña como director de la Orquesta Internacional.

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