La Plaza San Romero es un proyecto que sigue vivo en Washington, D.C.

Todos gritaron que se construya la plaza. Foto: Ramón Jiménez

Por Ramón Jiménez

No es nada fácil convencer al Concejo de la Ciudad del Distrito de Columbia para que un pequeño pasillo (Sacred Heart Way) sea cerrado al paso vehicular, y que en su lugar se construya la Plaza San Romero, en honor al santo salvadoreño.

La pequeña vía se encuentra justo frente a la archiconocida Iglesia del Sagrado Corazón, que por más de 125 años funciona en el corazón de los vibrantes barrios inmigrantes de Mount Pleasant y Columbia Heights, al noroeste de la capital estadounidense.

Aun a costa de su delicada salud el reverendo Graylan Hagler (sentado) se unió a la celebración. Lee su mensaje el también reverendo Ron Carver. Foto: Ramón Jiménez.

Fue precisamente en lo que sería la Plaza San Romero que este jueves 15 de agosto se celebró el 108 aniversario de su nacimiento en la población de Ciudad Barrios (antes Cacahuatique), que era un pueblo lenca antes de la llegada de los españoles, donde en la actualidad abunda la producción de café, planta que fue introducida a esa zona y en todo el país por el capitán general Gerardo Barrios.

Con ocasión del aniversario del nacimiento del mártir salvadoreño, la directora de la Oficina de Asuntos Comunitarios en la Alcaldía de Washington, D.C. la salvadoreña Jackie Reyes-Yanes, hizo entrega de una Proclama del Concejo Municipal de Washington, D.C., que declaró el 15 de agosto como Día de San Romero en todo el Distrito de Columbia.

“San Romero siempre nos enseñó a sentir el dolor de los más necesitados”, destacó Reyes-Yanes, quien además reconoció el trabajo de la concejal Brianna Nadeau, para que la proclama fuera firmada por los otros miembros del Concejo Municipal, así como por otras obras que benefician a la comunidad que representa.

El guitarrista y compositor Lillo González junto a su hija pusieron la nota musical al evento. Foto: Ramón Jiménez.

Otros líderes locales hicieron un llamado a la comunidad para que ayuden a los más vulnerables, porque ese era el legado del arzobispo salvadoreño, asesinado de un tiro al corazón por un francotirador de los escuadrones de la muerte, mientras oficiaba misa en la capilla de un hospital para personas con cáncer.

Uno de los participantes en la ceremonia de este viernes 15 de agosto fue el reverendo Graylan Scott Hagler, quien a pesar de adolecer de una grave enfermedad se hizo presente a la ceremonia, para destacar los méritos de San Romero, a quien siempre ha admirado «por su gran labor pastoral y como defensor de los derechos humanos», desde que residía en el estado de Massachusetts.

La directiva que busca hacer realidad la Plaza San Romero. Foto: Ramón Jiménez.

Hagler, exministro principal de la Iglesia Congresional Unida en Cristo Plymouth, destacó los méritos de San Romero por medio de un escrito que fue leído por su amigo Ron Carver.

“San Romero continúa siendo un icono verdadero de justicia y esperanza y su legado sigue inspirando a los latinos residentes en la región metropolitana de Washington, D.C.”, destacó Hagler en su comunicado, un gran amigo de los latinos y en particular de la comunidad salvadoreña.

El Comité para Refugiados Centroamericanos (CARECEN) ha iniciado una petición para enviarla a las autoridades de la ciudad.

“El legado de justicia, unidad y esperanza de San Romero sigue inspirando a generaciones. La creación de la Plaza San Romero brindará un espacio significativo para la conmemoración, la educación y el orgullo cívico, reflejando sus valores y sirviendo como un faro de luz en tiempos de incertidumbre en la ciudad”, dijeron por medio de un comunicado.

“Alentamos el apoyo para nombrar la Plaza San Oscar Romero en Washington, D.C.”, agregaron.

Oscar Arnulfo Romero Galdámez era el segundo de ocho hermanos. Ingresó a los 13 años al Seminario Menor Claretiano de San Miguel y en 1937 pasó al Seminario San José de la Montaña de San Salvador, dirigido por jesuitas.

El padre Vidal Antonio Rivas resaltó los méritos del Santo de América. Foto: Ramón Jiménez.

Ese mismo año se trasladó a Roma para estudiar Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, donde conoció a monseñor Giovanni Battista Montini, el futuro Papa Paulo VI.

En 1979 fue candidato al Premio Nobel de la Paz (propuesto por congresistas estadounidenses) y en febrero de 1980 —un mes antes de su muerte— la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica le otorgó el doctorado Honoris Causa por su defensa de los derechos humanos.

Fue el 23 de marzo de 1980, Domingo de Ramos, cuando Romero pronunció en la catedral de San Salvador el sermón que ha pasado a la historia como “La homilía de fuego”. Desde el altar hizo un llamamiento a los hombres de ejército: “Ante una orden de matar que dé un hombre, afirmó, debe de prevalecer la ley de Dios… Ya es tiempo que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado… En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuoso, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios ¡cese la represión!

El día siguiente un vehículo rojo se paró enfrente de la capilla del Hospital de la Divina Providencia donde el arzobispo celebraba misa. De la ventanilla trasera asomaba un rifle, que los fieles no podían ver porque miraban el altar. Romero cayó al piso con el corazón atravesado, mientras el automóvil se dio a la fuga. Treinta años después se supo que los escuadrones de la muerte habían pagado a su asesino $114 dólares.

“Con Romero, Dios pasó por El Salvador, dijo en una ocasión el sacerdote jesuita, Ignacio Ellacuría, quien también fue abatido a tiros en noviembre de 1989 junto a otros sacerdotes, una madre y su hija.

El padre Emilio y Lita Trejo, la maestra de ceremonias. Foto: Ramón Jiménez.

El Papa Francisco lo declaró mártir por odio a la fe, luego lo proclamó Beato en mayo de 2015 tras un largo proceso tanto por la oposición al pensamiento y acción pastoral del arzobispo como por la situación conflictiva que se había creado en torno a su figura.

Romero se convirtió en el primero de la larga lista de nuevos mártires contemporáneos, venerado también por la Iglesia Anglicana.

Su canonización tuvo lugar en octubre de 2018 en la Plaza de San Pedro. El Papa Francisco dijo ese día: «Quisiera añadir algo que quizás pasamos de largo. El martirio de monseñor Romero no fue puntual en el momento de su muerte, fue un martirio-testimio, sufrimiento anterior, persecución anterior, hasta su muerte. Pero también posterior, porque una vez muerto —yo era sacerdote joven y fui testigo de eso— fue difamado, calumniado, ensuciado, o sea que su martirio se continuó incluso por hermanos suyos en el sacerdocio y en el episcopal. No hablo de oídas, he escuchado esas cosas. O sea que es lindo verlo también así un hombre que sigue siendo mártir. Bueno, ahora creo que ya nadie se atreve, pero después de haber dado su vida siguió dándola, dejándose azotar por todas esas incomprensibles y calumnias”.

Su cuerpo descansa en la cripta Monseñor Romero de la Catedral Metropolitana de San Salvador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Artículos Relacionados