La teletransportacion chilena y Time Café

Por El Lector Americano
(Burke, 16 de diciembre de 2025)

“Las damas tienen pasión por los vestidos, y en Semana Santa andan tan ocupadas en los preparativos, que no hablan de otra cosa que no sea de sus trajes que usarán en la misa de Resurrección.»

(Memorias de William Mcfarlen, cronista de los navíos ingleses que explicó la idiosincrasia de la élite del Chile de 1818).

Después de septiembre de 1973, los años ochenta, y hasta el principio de los noventa, los pobres ya no andaban descalzos, con olor a pobre. En el Chile de la Reconversión Económica de la Escuela de Chicago (que significó expulsar de la economía formal a más de un tercio de la población económicamente activa), surgieron los nuevos ricos. Jóvenes egresados de universidades privadas que conformaban los llamados “jóvenes pragmáticos apolíticos” que repetían un mantra:

– “Allende fue un comunista antidemocrático que quería hacer de Chile un Soviet”.

– “En la Suecia socialdemócrata -comunismo light- muchos jóvenes se suicidan, debe ser por algo, ¿no?”

– “En Francia de Françoise Mitterrand las empresas de servicios son públicas, por eso no funcionan bien”.

– “Si Gorbachov los dejara, los soviéticos votarían en masa a Ronald Reagan”.

– “Todos los palestinos, y todos los del Magreb, son terroristas”.

Estos “jóvenes pragmáticos/apolíticos” han repetido estas oraciones por muchos años. Les encantaba sentirse escuchados porque cuando vino la democracia en 1990 la totalidad de los medios de comunicación eran de ellos. Ellos pasaron a ser nuestros pensadores que adivinaban el futuro y arreglaban la historia a su antojo. Y repetían como un catecismo en las principales pantallas de la TV chilena sus puntos de vista.

También expresaban el inconsciente colectivo de la clase media/alta chilena y formaron con sus gustos autoritarios al “facho pobre”. Se cultivaban con literatura “naif” del tipo “best sellers” en Reñaca (o en Puerto Varas y Frutillar, con arquitectura alemana) y sólo leían El Mercurio.

– “¿Kennedy? Bueno, Kennedy también era algo izquierdista, ¿no?… mira que dar derecho a los negros, ¡qué horror, por favor!”, exclamaban estos jóvenes de bien.

Estos jóvenes también se referían a Estados Unidos, como la nueva ‘Madre Patria’. Una frase que sólo puedes escucharla en la boca del presidente del Ku Klux Klan o en Univisión que lo llama ‘El país de todos’ cuando hay Mundial de Fútbol.

Estos “jóvenes pragmáticos/apolíticos” están condenados a la promesa de un mañana constante y mejor. Porque ellos se atribuyen a ser “la nobleza de Chile” que deviene de la cuarta o quinta generación de almaceneros, piratas o prófugos de la vieja Europa. Muchas calles de Santiago llevan sus apellidos. Después de la independencia, que empezó en 1810 y terminó en 1826 (15 años, 3 meses y 4 semanas), estos “criollos patriotas” supieron hacerse de fortunas rápida alambrando tierras fiscales. O negociando algo turbio con los gobiernos de turno. Todos en familia por supuesto. Pero -pese a todo- hay que reconocer que los jóvenes de esta clase alta chilena del Centenario eran más prudentes, o menos ignorantes de los que vinieron después: hoy.

La burguesía sudamericana siempre estuvo para hacer dinero y no para generar cultura ni menos nivelar hacia arriba. Sin embargo, hoy esa misma burguesía no puede responder ni siquiera dos preguntas en un programa de TV auspiciado por Nestlé. Y esto ayuda a entender lo fatuo de nuestro presente, ni qué decir del futuro.

“Isabel Allende es una ladrona/corrupta”, dijo la semana pasada una senadora de derechas electa, que confundió a la escritora Isabel Allende con la ex senadora de igual nombre e hija de Salvador Allende.

“No sólo es ladrona, sino que, además, no es inteligente” -agregó.

Y lo peor es que nadie le corrigió en la TV porque no hoy los “comunicadores” no quieren tener choques con el poder real.

Otra. ¿Tienen defectos ciudadanos nuestros jóvenes brillantes? ¿La clase alta chilena tiene carencias democráticas?

“No, no las tiene” -respondió una importante empresaria que colabora ‘anónimamente’ con los pobres a través de Cáritas y la Teletón.

“Nuestra clase alta es más trabajadora que la de otros países -agregó-. Mi nieto me dice: Trabajar los viñedos de papá no es trabajo, es tan lindo abuelita”.

O como diría, Michel Foucault: “los poderosos son los primeros trabajadores, porque controlan la verdad, y por eso ganan más y mejor”.

Después del 2010, los jóvenes pragmáticos/apolíticos juegan a la ‘Play’ mientras sus novias se desmayan en gimnasios; ellas quieren ser las réplicas exactas de las chicas OnlyFan o los avisos de Victoria’s Secret. Ellas tienen mirada triste y distante que, si bien podría atribuirse a la lectura de libros de autoayuda, la verdad es por la bulimia. Son las madres del futuro que tienen el poder al alcance de sus manos, pero se lo toman con Seven-Up. Ellas repiten el catecismo:

“Allende fue un comunista antidemocrático” …

“Todos los palestinos y todos los del Magreb son terroristas”.

“Afuera del país los mejores servicios son privados”.

Estas chicas aprenden su mantra y, sobre todo, no se hacen preguntas.

Ayer salió elegido José Antonio Kast en Chile, por casi un 60 por ciento de los votos, y me acordé de Nueva York. Recordé un lugar llamado Time Café, donde hay un reloj que funciona al revés. Debe impresionar ver un reloj marcando el destiempo: va para atrás en la historia, los calendarios, la angustia y el sentido común de esto que pasa. Puedes entrar al café a las cinco de la tarde y sales tres horas antes de las cinco. Lo que pasa no ha pasado, o sucedió en otro tiempo, o no fue.

Recordé el Time Café recién este lunes 16 de diciembre de 2025. Justo después de pasar una extraña noche y enterarme de José Antonio Kast había sido elegido presidente. El mismo tipo que con el paso de los días de campaña, su rostro se transformó en la cara de Pinochet: con nariz recta y filosa. Y este domingo 14 de diciembre las imágenes de celebración del candidato/presidente, replicaban su cara junto a Pinochet, incluso algo más rubia y teutona. Una imagen teletransportada entre 1973, 1982 o en 2006, cuando murió el dictador.

La noche del domingo 16, el reloj de mi memoria, como el de Time Café, se volvió loco. Mis pensamientos se sucedieron más o menos igual, pero con amnesia, confusión de personajes y 11 grados bajo cero aquí en Burke, Virginia.

 

 

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