Foto: CATHSTAND.ORG/FB
El arzobispo Coakley se hace eco del llamamiento del Papa León XIV a un diálogo renovado en medio de las crecientes tensiones en Oriente Medio.
WASHINGTON, D.C., 1 de marzo de 2026 – Mientras surgen informes sobre la escalada de hostilidades en el Medio Oriente, el arzobispo Paul S. Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, hizo un llamado urgente a Estados Unidos, Irán y la comunidad internacional en general a regresar al diálogo y buscar todas las vías hacia una paz justa y duradera.
Haciéndose eco del emotivo llamamiento del Papa León XIV para detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo insalvable, el arzobispo Coakley enfatizó la crucial necesidad de moderación y de que todas las partes tomen medidas concretas para poner fin al conflicto, trabajar por la paz y proteger vidas inocentes. Su declaración completa es la siguiente:

El creciente conflicto corre el riesgo de desembocar en una guerra regional más amplia. Como advirtió el Santo Padre, nos enfrentamos a la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones. Mis hermanos obispos y yo unimos nuestra voz a la del Santo Padre y hacemos un ferviente llamamiento a todas las partes implicadas para que la diplomacia recupere el papel que le corresponde.
Pedimos que se detenga la espiral de violencia y que se retome el compromiso diplomático multilateral que busca defender el bienestar de los pueblos, que anhelan una existencia pacífica fundada en la justicia. Todas las naciones, organismos internacionales y socios comprometidos con la paz deben hacer todo lo posible para evitar una mayor escalada.
En este momento crítico, invito a los católicos y a todas las personas de buena voluntad a continuar nuestras fervientes oraciones por la paz en Oriente Medio, por la seguridad de nuestras tropas y de los inocentes, para que los líderes busquen el diálogo en lugar de la destrucción y busquen el bien común por encima de la tragedia de la guerra.
Imploramos la intercesión de nuestra Santísima Madre, María, Reina de la Paz, para que ore por nuestro mundo atribulado y por una paz duradera.
