Foto cortesía.
Por Dr. José Francisco Acosta Arévalo
SUCHITOTO, El Salvador, 16 de enero de 2026.- Fue ese día 16 de enero de 1992, a las diez de la mañana, mientras miles y miles de personas nos juntamos frente a Catedral Metropolitana en San Salvador, que celebramos el fin de una larga guerra civil.
Ahí se escucharon sonar las campanas de las iglesias de todo el país, anunciando el fin de la guerra civil en El Salvador. Wow!!

Con miles de personas a mi alrededor, con mi hija mayor en mis hombros y la otra en mi mano, con el slogan «es el tiempo de cosechar lo que sembramos ayer”, celebramos con entusiasmo el fin de la guerra.
Con el sonar de las campanas y la emotiva respuesta popular, abracé a mi esposa y a mis dos retoños, y hubo muchos abrazos apretados entre los presentes que fueron inevitables.
En ese histórico momento, auspiciado por las Naciones Unidas, se estaban firmando los Acuerdos de Paz en el Castillo de Chapultepec, Ciudad de México, entre el Gobierno de El Salvador y los comandantes de la guerrilla organizados en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
Sin duda fue un momento súper histórico para los salvadoreños evento que significaba, con ese acto, callar los fusiles activos por 12 años, periodo donde perdí 110 miembros de mi familia ampliada alrededor del Volcán de Guazapa.

Habiendo sido yo parte activa en las negociaciones en Washington para facilitar los Acuerdos de Paz, no puedo pasar desapercibido este día histórico para los salvadoreños, aunque posteriormente, los líderes del FMLN nos traicionaron.
36 años después, todavía hay voces de personas, quienes vivían en una lupa en San Salvador, que plantean que los Acuerdos de Paz “no sirvieron para nada”.
El momento que ahora vivimos hoy en El Salvador, es en parte, resultado de los Acuerdos de Paz aquel 16 de enero de 1992.
Recordando el Pasado para construir el Presente y el Futuro.
*Dr. José Francisco Acosta Arévalo, sociólogo, director del Bosque Memorial San Óscar Arnulfo Romero.
