Milán, alberga a miles de inmigrantes peruanos. Foto cortesía
𝙐𝙣𝙖 𝙢𝙞𝙧𝙖𝙙𝙖 𝙙e Julián Abregú, destacado inmigrante 𝙥𝙚𝙧𝙪𝙖𝙣𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙚𝙣𝙘𝙤𝙣𝙩𝙧𝙤́ 𝙚𝙣 𝙄𝙩𝙖𝙡𝙞𝙖 𝙨𝙪 𝙨𝙚𝙜𝙪𝙣𝙙𝙖 𝙥𝙖𝙩𝙧𝙞𝙖.
Por Roberto Bustamante
Cada 2 de junio se celebra la Fiesta de la República en Italia (Festa della Repubblica).
Es el día festivo nacional más importante de los italianos, al conmemorar el histórico referéndum de 1946 cuando los ciudadanos italianos decidieron mediante sufragio universal que este país europeo se convirtiera en república, dejando atrás la monarquía tras la Segunda Guerra Mundial.
Julián Abregú destacado inmigrante peruano en Italia, miembro del grupo de análisis 6 PEX, nos ofrece un interesante artículo acerca de este hecho histórico. Debemos reconocer su fructífera trayectoria como empresario y líder de la comunidad peruana en Italia. Valoramos profundamente su labor en la internacionalización de empresas, su rol como fundador y activo miembro de PROMCOPI (Asociación pro Cámara de Comercio Perú-Italia), y su compromiso con el desarrollo sostenible a través de proyectos binacionales entre Perú e Italia.
La comunidad de inmigrantes peruanos en Italia está formada por más de 100 mil nacionales de ese país andino, siendo una de las poblaciones latinoamericanas más grandes en suelo italiano. El grupo se concentra predominantemente en el norte, especialmente en la región de Lombardía y su capital, Milán, que alberga la mayor proporción de peruanos en Europa.
Julián Abregú se encuentra visitando la ciudad de Lima. Hemos seguido con interés su reciente participación en representación de la Federación de Cámaras Binacionales del Perú en el Exterior (FCBPE) en el evento “Perú Frente al Mundo: Atracción de Inversiones, Negocios Internacionales y Generación de Empleo”. Coincidimos plenamente en que la atracción de inversiones y la integración con mercados internacionales no deben ser meros temas de campaña, sino compromisos fundamentales que el próximo gobierno debe asumir con claridad y determinación. Asimismo, resaltamos su valiosa contribución a la comunicación y al análisis noticioso mediante el grupo 6 PEX, sus programas en Radio del Sur 91.5 FM y sus artículos en la plataforma Abeja Republicana.

«Hoy celebro la República Italiana con respeto»
Con justa razón, hoy en toda la república italiana hubo desfiles, las plazas se llenaron de banderas, y las famosas Frecce Tricolori dibujaron el cielo de Roma para recordar el referéndum del 𝟮 𝗱𝗲 𝗷𝘂𝗻𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝟭𝟵𝟰𝟲, en el que los italianos eligieron entre monarquía y república.
Yo prefiero recordarlo de otra manera, después de más de tres décadas en Italia.
Me gusta pensar en ese momento como el inicio de una recuperación colectiva: cuando un país golpeado por años de guerra decidió mirar hacia adelante. No se trataba solo de reparar calles, puentes o edificios, sino sobre todo de recuperar la confianza en sí mismos y la voluntad de construir un futuro común. Prefiero imaginar una Italia cansada, saliendo de una guerra devastadora, con ciudades destruidas, familias divididas y millones de personas preguntándose cómo reconstruir no solo los edificios, sino esa nación que ha dado tanto al mundo en todo aspecto.
Aquel 2 de junio votaron también, por primera vez, las mujeres. 𝗖𝗮𝘀𝗶 𝟮𝟱 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗶𝘁𝗮𝗹𝗶𝗮𝗻𝗼𝘀 𝗮𝗰𝘂𝗱𝗶𝗲𝗿𝗼𝗻 𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝘂𝗿𝗻𝗮𝘀. 𝗟𝗮 𝗥𝗲𝗽𝘂́𝗯𝗹𝗶𝗰𝗮 𝗼𝗯𝘁𝘂𝘃𝗼 𝗲𝗹 𝟱𝟰,𝟯 % 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝘃𝗼𝘁𝗼𝘀 𝘆 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗻𝘇𝗼́ 𝘂𝗻𝗮 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗮 𝗲𝘁𝗮𝗽𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗶𝘁𝗮𝗹𝗶𝗮𝗻𝗮. Pero las repúblicas no nacen únicamente de un resultado electoral. Nacen de hombres y mujeres capaces de imaginar un país mejor que el que recibieron: 𝗲𝗹 𝘀𝘂𝗲𝗻̃𝗼 𝗱𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗜𝘁𝗮𝗹𝗶𝗮 𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮, 𝗲𝗹 𝗮𝗺𝗼𝗿 𝗮 𝗹𝗮 𝗽𝗮𝘁𝗿𝗶𝗮 𝗽𝗼𝗿 𝗲𝗻𝗰𝗶𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗼.
Entre ellos, yo recuerdo siempre a 𝗔𝗹𝗰𝗶𝗱𝗲 𝗗𝗲 𝗚𝗮𝘀𝗽𝗲𝗿𝗶.
Hay una escena que siempre me ha llamado la atención. Se cuenta que en 1946, al terminar la guerra, De Gasperi viajó a París para defender a una Italia derrotada ante las potencias vencedoras. Sin fuerza militar, sin prestigio internacional y con casi ninguna capacidad de negociación, habló durante pocos minutos y abandonó la sala prácticamente solo. Sin embargo, quienes estuvieron presentes recordaron la dignidad de un hombre que defendía a un país herido sin renunciar a su futuro.
𝗔 𝘃𝗲𝗰𝗲𝘀 𝗹𝗮 𝗴𝗿𝗮𝗻𝗱𝗲𝘇𝗮 𝗽𝗼𝗹𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲 𝗽𝗿𝗲𝗰𝗶𝘀𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝗲𝘀𝗼: 𝗵𝗮𝗯𝗹𝗮𝗿 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗻𝗮𝗱𝗶𝗲 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗲 𝗲𝘀𝗰𝘂𝗰𝗵𝗮𝗿𝘁𝗲.
Junto a él estuvieron otras figuras fundamentales de aquella generación: 𝗘𝗻𝗿𝗶𝗰𝗼 𝗗𝗲 𝗡𝗶𝗰𝗼𝗹𝗮, primer jefe de Estado de la nueva República; 𝗣𝗮𝗹𝗺𝗶𝗿𝗼 𝗧𝗼𝗴𝗹𝗶𝗮𝘁𝘁𝗶, representante de una gran parte de la Italia obrera y popular; 𝗣𝗶𝗲𝘁𝗿𝗼 𝗡𝗲𝗻𝗻𝗶, protagonista de la reconstrucción democrática; y 𝗟𝘂𝗶𝗴𝗶 𝗘𝗶𝗻𝗮𝘂𝗱𝗶, cuya visión económica ayudó a sentar las bases del desarrollo posterior.
Todos pensaban distinto, democristianos, liberales, socialistas, comunistas, y sin embargo comprendieron algo esencial:
𝗜𝘁𝗮𝗹𝗶𝗮 𝗲𝗿𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂𝘀 𝗱𝗶𝗳𝗲𝗿𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀.
Quizás por eso esta República sigue siendo fascinante. Es un país donde una misma palabra puede pronunciarse de diez maneras distintas, donde cada región conserva acentos, tradiciones y dialectos propios, y donde la identidad nacional convive con identidades locales profundamente arraigadas.
Como peruano que vive en Italia, esta fecha tiene para mí un significado especial. Porque la República Italiana no pertenece solamente a quienes nacieron aquí. También pertenece a quienes llegaron después y encontraron una oportunidad: a 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗺𝗶𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘁𝗶𝗻𝗼𝗮𝗺𝗲𝗿𝗶𝗰𝗮𝗻𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗮𝗻 𝘆 𝗮𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗻 𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼𝗺𝗶́𝗮, a quienes descubrieron que se puede amar profundamente la tierra donde naciste y, al mismo tiempo, sentir gratitud por la tierra que te abrió las puertas.
Hoy celebro la República Italiana con respeto. No porque sea perfecta, sino porque representa una idea poderosa: 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝘂𝗻 𝗽𝘂𝗲𝗯𝗹𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿𝘀𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲́𝘀 𝗱𝗲 𝘀𝘂𝘀 𝗲𝗿𝗿𝗼𝗿𝗲𝘀 𝘆 𝘃𝗼𝗹𝘃𝗲𝗿 𝗮 𝗲𝗺𝗽𝗲𝘇𝗮𝗿. (JULIÁN ABREGÚ)
