Millonarios y famélicos

Por Teresa Gurza
Hay un abismo entre los desvíos o moches, como suele llamarse a los robos millonarios que ocurren en gobiernos, dependencias y cámaras legislativas y quedan generalmente impunes; y los robos que los códigos penales apodan famélicos, por ser de pocos pesos y por los que los pobres llegan a pasar años en prisión.
Cifras del investigador de El Colegio de México, José Luis Reyna, citado por el periodista Jorge Meléndez en uno de sus comentarios de este octubre, precisan que en 2013 hubo en México casi siete y medio millones de actos corruptos; y que por ellos, solo fueron sancionadas 12 mil personas y únicamente 104 resultaron encarceladas.
En cambio, gente humilde está presa por llevarse unas alitas de pollo de tiendas departamentales; que para nuestra vergüenza, exhiben millones de artículos inalcanzables para la mayoría.
Como la trasnacional Walmart, dueña también de Aurrera, y campeona en presentar denuncias «para desalentar el robo hormiga».
Datos de la Subsecretaría del Sistema Penitenciario del DF, publicados por Sin Embargo, informan que personal de Walmart detiene y lleva a proceso a esos ladrones famélicos; cuya situación según el especialista en Derecho Penal, Carlos Enríquez, se complica porque dejan familias desamparadas y al carecer de recursos, deben someterse a otros reos para poder subsistir dentro del penal.
Entre los casos mencionados por Sin Embargo, están los siguientes; muestra de las injusticias que ocasiona la desigualdad.
Por no tener 59 pesos para pagar una charola de carne y una barrita de mantequilla que robó en Aurrera, una mujer fue detenida; Walmart se negó a llegar a un acuerdo como lo establece el sistema penal para delitos no graves; pero por fortuna el Juez Séptimo Penal del Sistema Procesal Acusatorio, Prudencio González Tenorio, impidió que fuera a la cárcel.
No tuvo la misma suerte una madre de cinco hijos que el pasado 19 de junio fue acusada por Walmart-Toreo, de sustraer una mermelada, un yogurt y un frasco de Nutella, con precio total de 89 pesos; la tienda no quiso otorgarle el perdón y la fiscalía de la delegación Miguel Hidalgo, le fijó fianza de 12 mil 785 pesos para no ser consignada al reclusorio.
Otra mujer intentó llevarse de otra Walmart, dos paquetes de carne y uno de camarón; pero al darse cuenta que la habían visto, optó por dejar los productos antes de las cajas; sin embargo y aunque no consumó el robo, fue detenida por empleados de vigilancia y una patrulla la presentó ante el Ministerio Público, que le exigió 27 mil pesos para dejarla libre; y como no los tuvo, fue condenada a seis meses de prisión.
Un ejemplo más de estas arbitrariedades cometidas con el consentimiento y complicidad de las autoridades, sucedió en un Aurrera de Oaxaca el pasado 6 de septiembre cuando un indígena zapoteco desempleado y hambriento, robó dos pares de sandalias y dos charolas con trozos de costillas por un valor total de 373 pesos; lo descubrieron, fue llevado a la cárcel y el Juez Tercero de lo Penal le dictó auto de formal prisión.
“Sí, robé -aceptó con sencillez en su declaración- mis niños tenían hambre y yo también; y se me hizo fácil meterme las cosas entre la ropa; pensaba comerme las costillitas con mi esposa y vender las chanclas para comprar leche…”
Y esta semana El Economista informó que en Ayutla, Guerrero, una mujer sigue presa por robar alimentos que cuestan 72 pesos.
Triste tener que reconocer, que hemos construido un país que persigue a los que poco tienen y permite que queden impunes robos millonarios que enriquecen en poco tiempo a empresarios y políticos.
Doloroso admitir, que tenemos una sociedad que no sólo tolera sino admira y se apantalla con la riqueza mal habida; y en la que uno de cada cuatro niños, está mal alimentado porque a su familia no le alcanza para comida suficiente y de calidad.
En la Encuesta de Salud y Nutrición Nacional, hecha por la UNAM y publicada el 16 de octubre Día Mundial de la Alimentación, los investigadores Santiago Capraro, Laura Antonieta Moreno Altamirano, Dewi Sharon Hernández Montoya y Guadalupe Soto Estrada, advierten que la tercera parte de los mexicanos vive en condiciones “de inseguridad alimentaria”.
Y añaden que de mantenerse la actual ingesta, de muchas calorías y poco ejercicio físico, México tendrá en pocas décadas una población envejecida y enferma; y un sistema de salud, sobrepasado por la demanda.
¿Lo quieren más claro?

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