Jorge Granados junto a la doctora Patricia Rodríguez. Foto: Ramón Jiménez.
Por Ramón Jiménez/ML Noticias
A un año de haberse lanzado al público la primera edición de un libro que contiene las memorias del empresario salvadoreño Jorge Granados: “Un sueño sin fronteras”, sigue siendo un tema de impacto en la comunidad latina de Washington, D.C., más que todo por su énfasis en la solidaridad comunitaria.
Así quedó demostrado este domingo 5 de octubre durante un conversatorio dirigido por los catedráticos universitarios Patricia Rodríguez y Patrick D. Scallen, celebrado en la Biblioteca de Mount Pleasant, un sector de la capital de mayoría inmigrantes latinoamericanos y de otros continentes.
Ahí Granados respondió con lujo de detalles todas las interrogantes hechas no solo por los dos académicos sino también por el público presente, al final del conversatorio de unas dos horas de duración.

El mensaje de Granados puede ser un vivo ejemplo de superación a través del esfuerzo constante, la preparación académica apropiada; saber qué es lo que se quiere ser en la vida y trabajar en base a esos factores, entre otros.
“Hay que tener metas y luchar por ellas; y ser agradecidos por los favores recibidos en el transcurso de nuestras vidas”, sugirió Granados, hoy en día un exitoso empresario en bienes raíces con varias décadas de residir en la capital estadounidense.
Pero antes de la bonanza que significó su esfuerzo y preparación de muchos años, Granados tuvo que experimentar lo que muchos empresarios exitosos sufren antes de llegar a Estados Unidos, como son las penurias que afronta una familia numerosa sin muchos recursos económicos.
Reconoce Granados que la ruta del progreso la encontró con la ayuda de personas generosas que se cruzaron en su camino como ángeles protectores, pero más que todo por el esfuerzo propio y los deseos de superación que nunca le faltaron.
Atrás quedaron las duras experiencias en las labores campesinas realizadas en el cantón donde nació en el municipio de Guatajiagua, departamento de Morazán, y sus años de educación primaria donde solamente había hasta segundo grado.

Luego, con la ayuda de familiares, ingresó a un seminario católico que no continuó y seguir en otras escuelas, para después iniciar estudios de secundaria lejos de su casa en la ciudad de San Miguel.
Ahí obtuvo un diploma de Bachillerato Industrial, algo que le dio la pauta para aspirar a otra posición en la capital salvadoreña —a más de 200 kilómetros de su casa—, para poner en práctica sus estudios teóricos.
“No fui un estudiante excelente pero tenía el compromiso y el deseo de salir adelante en la vida. “Al salir de mi cantón, me di cuenta que en medio de muchas limitantes habían otras posibilidades de superarse”, recuerda.
Aunque estaba poniendo en práctica sus conocimientos adquiridos en la secundaria, los ingresos no eran lo suficiente y sus deseos de superación seguían buscando nuevos rumbos.
Tras algunos intentos fallidos en puertos salvadoreños partió para Belice con un hermano menor e inició su vida como marino mercante, donde también puso en práctica sus conocimientos recibidos en el colegio.
Después de seis años en alta mar y de visitar muchos países alrededor del mundo en su vida de marino mercante —incluido el puerto de Baltimore, en Maryland—, Granados decidió que su futuro se encontraba aquí en Estados Unidos. Mientras hacía trabajos en construcción Granados recibía clases de inglés e ingresó a la universidad.

Después de algunos altibajos en la región metropolitana de Washington, conoció a quien sería su esposa: Bessy Granados, formó su familia, educaron a sus hijos y ahora todos son profesionales.
En 1986 Granados, entonces de 32 años, compró su primera casa en Washington, D.C. —con parte del dinero que ahorraron en los barcos—, aunque luego se mudó a Takoma Park, Maryland para después regresar a la capital estadounidense.
Desde hace más de diez años Granados y su esposa también participan en las actividades que realiza la entidad Sister Cities del condado de Montogmery, Maryland, por medio del cual lograron un Hermanamiento Morazán-Montgomery, y junto con las autoridades del condado han integrado delegaciones que se han reunido con algunas comunidades, en vías de incrementar y estrechar los lazos educativos, de salud, y otras áreas.
En la actualidad, Granados tal vez no sea millonario, pero siente la satisfacción de que sus ingresos los ha compartido primero en la educación superior de sus hermanos menores. Dos de ellos son ingenieros civiles, graduados de la Universidad de Monterrey, México, lugar donde reside uno. El otro regresó a San Miguel y posee una oficina de consultoría relacionada con su trabajo.
Reconoce Granados que lo que le ayudó mucho a ser un hombre de bien son los valores que uno trae, y lograr todo lo que ha cosechado fue andar con gente de valores, con un compromiso social y deseos limpios de tender la mano.
A pesar de ser un septuagenario Granados se mantiene activo en la labor comunitaria y comparte lo que pudo haber acumulado en proyectos que benefician a las comunidades, tanto en su país de origen como en la región de Washington.
“Hay que tener esa sed de mejorar en la vida y recordar que el dinero es importante pero no es todo en la vida”, recomendó.
Incluso los fondos que producen la venta del libro “Un sueño sin fronteras”, cuyo costo es de $20, son destinados a una fundación que los esposos Granados manejan en proyectos de salud y educación en el departamento de Morazán.
Según el autor, el libro está escrito en inglés y español no solamente para facilitarle la lectura a las nuevas generaciones sino también para que emulen las experiencias que él vivió desde su niñez, hasta lograr convertirse en un empresario exitoso dentro de una sociedad donde pudo haber aprendido otros caminos que lo hubieran conducido a la ruta equivocada.
Para comprar el libro contactar al 301-806-1080.
