Bukele ante las protestas: soberbia e insensatez

Nayib Bukele. Foto: thetimes.co.uk

En nuestro último editorial decíamos que, frente a las movilizaciones sociales del pasado 15 de septiembre, el presidente Nayib Bukele tenía dos opciones: actuar con sensatez y sentido común, escuchando el mensaje de la ciudadanía y mostrando disposición de rectificar; o dejarse llevar por la soberbia y prepotencia que le caracterizan, con lo cual aceleraría su decadencia.

Por Leonel Herrera*

Y el mandatario optó por lo segundo. En su tristemente célebre discurso de conmemoración del Bicentenario, impropio de un mandatario e indigno para una conmemoración histórica tan relevante, el mandatario descalificó las masivas protestas realizadas por organizaciones populares, movimientos estudiantiles, trabajadores judiciales y diversos sectores de la población que marcharon por las calles de San Salvador.

El sorprendido y descolocado presidente no tuvo argumentos serios y aseguró que fue “un grupo de manifestantes” que “dañó la propiedad privada y pública”, sin decir —desde luego— que esos daños fueron causados por grupos que infiltraron las movilizaciones para deslegitimarlas, probablemente siguiendo instrucciones del  mismo gobierno.

En una afirmación aún más temeraria, Bukele acusó a los embajadores presentes de “financiar a una oposición violenta”. El gobernante también expresó a los diplomáticos que su gobierno no es una dictadura porque no reprimió las protestas; pero no dijo nada sobre la eliminación de la independencia de poderes, la militarización del país y su intención de reelegirse.

El 15 de septiembre la población expresó su rechazo a la imposición del bitcoin como moneda, al desmantelamiento de la institucionalidad, al excesivo endeudamiento público, a la negociación con las pandillas y otras acciones de la administración Bukele. Pero el mandatario ha decidido encapricharse y no escuchar el legítimo reclamo ciudadano.

Esta soberbia, prepotencia e insensatez presidencial está llevando al país a una grave crisis económica, política y social que podría fácilmente evitarse si Bukele cambiara de actitud. Ojalá lo hiciera, todavía está a tiempo de usar el poder que tiene y el respaldo popular del que aún goza para implementar políticas públicas reales que aborden seriamente los problemas estructurales del país.

Si no lo hace, el mandatario tendrá que enfrentarse a un creciente movimiento de la ciudadanía que está perdiendo el miedo. El mensaje que Bukele debería acatar es que el país no está dispuesto a soportar a un tiranito más después de 200 años de aguantar a gobernantes  autócratas, autoritarios, dinásticos, demagogos y dictatoriales.

*Leonel Herrera es periodista y director ejecutivo de ARPAS.

 

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