Exceso de literalidad

Por El Lector Americano

Túnez, 11 de mayo, 2022.- El oficio periodístico. El otro día recordé una persona en un shopping de Puerto Rico: un hombre de mediana edad, me dice: “Te he escuchado en la radio y te he leído con mucha atención”. Me dio escalofríos porque pensé que yo solo hacía soliloquios.
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Poco a poco me fui metiendo en un oficio en el que los celos son el sentimiento principal entre colegas. Muy pocos de ellos se leen. A mi me ignoran olímpicamente. Por eso me alegro de los buenos, y pacientes, amigos que me dicen algo cuando publico. Igual, confieso que yo nunca sentí celos en este ambiente, porque no tuve necesidad de mirar mal al otro, sino que, casi siempre, aprendí que para hacer oficio hay que pelearla, y tener un poquito de suerte. Pero siempre fui consciente de los celos ajenos, y siempre me pareció una falla lamentable en los otros. Sobretodo cuando se te cagan de la risa en la cara.
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Antes escribía de una manera más fluida, menos delirante. Al quedarme sin colegas/ lectores ya no puedo decir: “Bueno, a Pepe le va a gustar esto”. Porque ya no hay más Pepes, u otros. Uno es su propio Pepe/lector.
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Oye, no hay nada más aburrido que los escritores hablando de narrativa. Por eso me gusta escuchar hablar a Osvaldo Soriano.
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Todo el tiempo se escucha el lamento “¿Dónde están nuestros grandes narradores, escritores?”. A veces me pregunto: “¿Y dónde están los lectores?”.
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Definitivamente todo, o casi todo lo que se publica en Wikipedia, hay que leerlo con lupa, y chequearlo con otras fuentes.
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La familia en su elemento. Unos viejos amigos de mi padre, un día le preguntaron cómo es que yo había salido tan curioso, y tranquilo, cuál era el secreto de mi crianza. El les respondió: “Nunca le doy consejos, solo le digo que tenga cuidado de no meter la pata, y él nunca pide consejos”.
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Con mi viejo, de adolescente, nunca estuvimos de acuerdo en política, pero sí de querer a los amigos. Y nunca me levantó la mano, ni una sola vez. Yo lo vi llorar varias veces. Mis hijos me han visto llorar a mí. Mi papá siempre me dijo que me amaba, y yo le digo lo mismo a mis niños, cada dos minutos. El punto es, voy a repetir lo mejor de mi padre, y más, y con suerte mis hijos meterán menos la pata que yo, y sus hijos cometerán menos errores que sus padres. Y uno de estos días tal vez saquemos del horno unos Farías Miranda perfectos.
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La mala educación. Mi respuesta por haber ido a un colegio militar es: cualquier cosa por hacer felices a mis padres. Ese colegio era un reformatorio pago, con chicos ultraviolentos, casi unos monstruos.
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Casi toda la gente arribista y clasistas que conocí fueron a la universidad. Yo no pude ingresar, por dinero, y mala preparación del secundario y, de última, no lo consideré necesario. Veía los resultados cuando me cruzaba con jóvenes universitarios de barrio popular, y no nos saludaban a los amigos de siempre.
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De chico yo era el más temerario y pendenciero de la cuadra. Mi país (Chile) es una nación de gente iracunda. La bronca y la moral del chileno es notable. A veces nos importa un comino todo, pero al final estamos aterrados de que nos consideren diferentes del resto del subcontinente. Por eso tenemos que deshacernos de la religión. No nos ha hecho ningún bien. Sobretodo después de los escándalos aberrantes de pederastia de la iglesia vaticana.
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Yo nunca quise ser como todos los demás. Lo que los demás hacían, yo estaba seguro de que no iba a hacerlo.
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El espejo. Cuando era joven, pensé que por ser moreno, bien criollo, nunca podría ser bello ni menos deseado por una chica espectacular. Tuve novias bien lindas, pero recién a los 36 años me dijeron que era bello. Hoy me miro más al espejo.
Tuve varios amores. O sea siempre me enamoré. Y ojo, no necesariamente fueron amores en fuga, pero sí románticos, y algo apasionados, antes de casarme, pero sin proyectos a mediano, o a largo plazo. Y por supuesto no fueron amores platónicos. Traten de explicarles eso a las suegras de la vida.
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A mediana edad, hay que tener equipo de gimnasio cerca. Eso, claro, si uno pretende seguir como cuando tenías 35 años, pero tienes 55.
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Las dolencias agudas genéticas tienen su qué sé yo. Cuando uno se enfrenta a una cuestión hereditaria, toma conciencia de que es parte de otros. No importa cuánto hayas intentado ser tú mismo, uno terminará siendo como sus padres.

Afuera. El patriotismo es bueno y malo, también puede ser enfermizo. Estaba viendo el noticiero hace un rato: cubrían la guerra ucraniana, y mostraban a un grupo de personas quemando la bandera rusa. El presentador se quebró y se le llenaron los ojos de lágrimas: “Me hace (solloza) sentir orgulloso, cuando veo (solloza) un pueblo que ama su patria y rechaza al invasor”. Y yo pensé: “Pedazo de pendejo. ¿En qué se convirtieron los noticieros?”.
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Parece que hoy, 2022, Dios ha sido expulsado del mundo. Y creo que él sabe cuándo le toca perder de mano en la mesa.
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Coda. Los griegos creían que si llegaras a conocerte, habrás penetrado tanto en el misterio humano que ya no necesitarías saber más de ti mismo y tus demonios.
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Al final, y esto es trascendente, uno es el único que cierra sus propios ojos por la noche. No hay nadie que pueda hacerlo por uno.
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