Por Isaac Cohen*
El rechazo de la ley sanitaria en la Cámara de Representantes, la semana pasada, confirmó la persistencia de fracturas en el seno del Partido Republicano, imposibles de superar hasta por una Casa Blanca Republicana. Después de culpar a los Demócratas, justo antes de los programas televisados de entrevistas del domingo, el Presidente Donald Trump “twiteó” los Demócratas están “sonriendo” gracias a “la Bancada de la Libertad, con la ayuda del Club para el Crecimiento y Heritage,” tres organizaciones de la derecha extrema del Partido Republicano. Más aún, el Jefe de Personal de la Casa Blanca Reince Preibus complementó declarando ante Fox News “el Presidente no va a ser un Presidente partidista…”
Hacia adelante, la siguiente iniciativa mayor es la prometida reforma fiscal, la cual el Secretario del Tesoro Steven Mnuchin, citado en el Wall Street Journal, dijo que será “mucho más simple.” Es cierto, en principio, bajar impuestos goza de amplio apoyo, hasta que se conocen los detalles de la reforma. Algunas de las medidas propuestas son controvertidas, tales como el impuesto de ajuste fronterizo contra las importaciones, no sobre las exportaciones, o bien si la rebaja de impuestos beneficiará a la clase media o al 1 por ciento.
Finalmente, otra “fractura” fue identificada dentro de la Casa Blanca sobre la agenda comercial proteccionista. El Presidente de la AFL-CIO, la mayor federación integrada por 55 sindicatos, representativa de 12.5 millones de trabajadores, dijo en el Wall Street Journal del 23 de marzo, “hay dos alas en la Casa Blanca… un Ala de Wall Street y un Ala de la Agenda-Trump.” La agenda del Presidente propone proteger a los trabajadores estadounidenses de la competencia extranjera injusta, mientras que el Ala de Wall Street es vista como frenando la implementación de la agenda presidencial.
*Analista y consultor internacional, ex-Director de la Oficina de la CEPAL en Washington. Comentarista de economía y finanzas de CNN en Español TV y radio, UNIVISION, TELEMUNDO y otros medios.
