Las guías de etiqueta victorianas incluían instrucciones sobre cómo comer espárragos

Foto cortesía History Facts

Por Nicole Villeneuve

La alta sociedad de la Inglaterra victoriana se regía por estrictas normas sociales, y la mesa no era una excepción. Esto incluía, quizá de forma sorprendente, una manera correcta de comer espárragos. Las guías de etiqueta solían especificar que tomar un espárrago con los dedos era perfectamente adecuado, incluso en las refinadas mesas de la época.

La norma se aplicaba generalmente a los espárragos enteros y firmes que podían sujetarse por el tallo. Se esperaba que los comensales tomaran el espárrago por el extremo y lo comieran de forma ordenada, desde la punta hacia abajo. Sin embargo, había excepciones: los espárragos demasiado cocidos y blandos, los ya cortados en trozos o los servidos con salsa resultaban más apropiados para comerse con cuchillo y tenedor. «Al comer espárragos, conviene observar lo que hacen los demás y actuar en consecuencia», sugería el *Routledge’s Manual of Etiquette* en 1875. «Algunas personas de gran educación los comen con los dedos; otras cortan las puntas y se las llevan a la boca con el tenedor».

El manual de etiqueta de 1859 titulado *The Habits of Good Society: A Handbook for Ladies and Gentlemen* se mostraba más tajante —y descriptivo—: «Dado que chupar el espárrago resulta más placentero que masticarlo, usted puede, como buen sibarita, tomarlo al natural». Esta verdura tenía la suficiente importancia en las comidas victorianas como para inspirar fuentes y pinzas diseñadas específicamente para ella. A principios del siglo XX, algunos juegos de servicio incluían incluso pinzas individuales para los comensales.

La etiqueta en torno a los espárragos no desapareció con la época victoriana; décadas más tarde, los expertos seguían debatiendo sobre la costumbre de comer espárragos enteros con la mano. Emily Post, cuya guía de etiqueta de 1922 ayudó a definir los modales en la mesa estadounidenses del siglo XX, consideraba aceptable comer espárragos con los dedos, siempre y cuando no chorrearan ni ensuciaran en exceso.

Los espárragos se servían a los novios franceses como afrodisíaco

Mucho antes de convertirse en una guarnición habitual de la primavera, el espárrago era un alimento muy apreciado, digno de la realeza, al que se le atribuían propiedades tanto medicinales como afrodisíacas. Los antiguos griegos asociaban esta verdura con Afrodita, la diosa del amor, mientras que los romanos la valoraban tanto por su sabor como por su supuesta capacidad para estimular el deseo.

En el siglo XVIII, los herbolarios recetaban espárragos como remedio para todo tipo de dolencias, desde problemas renales hasta —como cabe imaginar— la falta de libido. La fama del espárrago como alimento afrodisíaco perduró durante siglos; de hecho, en la Francia del siglo XIX, se animaba a los novios a consumir esta verdura —llegando a ingerir hasta tres platos de la misma— antes de la noche de bodas, pues se creía que potenciaba la pasión y la fertilidad.

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