Nania, mamuts y adn

Nania y su amiga la cabrita al fondo. Foto: New Atlas.

Por Teresa Gurza

El 4 de octubre será el Día Mundial de los Animales que la ONU celebra desde 1929 y como es fecha de su patrono, San Antonio Abad, en los templos católicos mexicanos se les bendice.

Así que, para celebrarlos, escribiré sobre la elefantita Nania y un posible mamut.

El cariño de aldeanos de Boromo, Burkina Faso, la atención de sus cuidadores, la amistad de una oveja y muestras de su ADN, podrán reunir pronto a Nania con su mamá.

Fue bautizada así, por los niños que hace cuatro años la vieron deambulando, porque significa “voluntad” y ella la ha tenido para sobrevivir, cuenta Elizabeth Preston en la edición del 9 de septiembre del New York Times.

Tenía 3 o 4 meses cuando fue vista en 2017 y como las mamás elefantas son muy cuidadosas, se pensó había quedado rezagada de la manada al no poder cruzar de noche algún río.

Es común encontrar bebés elefantes cerca de sus madres asesinadas por traficantes de marfil, pero en este caso no se supo de alguna victimada y los aldeanos avisaron a las autoridades locales de vida silvestre, que la llevaron a un corral.

Los mamuts podrán volver a la vida después de millones de años que fueron extinguidos. Foto: Agencia SINC

Tenía buena salud, no parecía deprimida y recaudaron fondos para comprarle leche; pero como su apetito era insaciable buscaron ayuda en el Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales, (FIBA).

Céline Sissler-Bienvenu, directora sénior del programa europeo de respuesta a desastres y reducción de riesgos de FIBA, viajó a conocerla.

Y descubrió que la comunidad giraba a su alrededor, los niños la visitaban diariamente y jugaba con ellos; estaba acostumbrada al sonido de motocicletas, burros y gritos de la gente y en ocasiones irrumpía en las oficinas donde le preparaban el alimento, buscando su mamila.

Pero pese al cariño que recibía, necesitaba estar donde pudiera aprender a ser elefante para volver a su manada y en febrero de 2019 fue trasladada a Deux Balés, parque nacional con un establo y un gran pastizal donde es atendida por cuatro cuidadores y se hizo amiga de la oveja Whisty.

Salif Sanogo, uno de ellos, chapotea con Nania con el agua del río a la cintura, mientras Whisty los espera en la orilla; porque no se les separa.

La rehabilitación de un elefante huérfano es ardua tarea; viven de leche durante tres años y deben crecer para aprender habilidades y ahuyentar a los leones.

Nania pasea diariamente ocho horas por el parque y eso le ayudará a hacerse un mapa mental de la naturaleza para saber dónde encontrar agua y frutas y disfrutar bañándose con lodo.

Ya no toma leche y está lista para iniciar el proceso de unirse a elefantes salvajes; pero no la apresuran, porque lo ideal es que paseando se los encuentre y si se siente a gusto, dejará el refugio para siempre; “ellos deciden cuándo se van”.

Conseguir que las manadas salvajes adopten a los huérfanos, relata el artículo de Preston, es fácil y lo hacen de forma natural, aunque no todos estén emparentados funcionan como familias.

Nania tiene suerte y podrá unirse a su propia manada, porque el equipo del FIBA recolectó muestras del excremento que han dejado los Elefantes Salvajes de los Bosques, como se llama su especie, y las envió a la Universidad de Washington en Seattle, donde el biólogo Sam Wasser, analizó su ADN.

Normalmente las muestras son de marfil y sirven para rastrear a los traficantes, “por lo que ayudar a un elefantito, a reunirse con su familia es un soplo de aire fresco” dijo Wasser cuando descubrió que una de las colectadas a 200 metros del corral de Nadia, es casi seguramente de su madre.

La primera vez que Nania vio la manada, huyó; pero la segunda, los animales la rodearon y le gruñeron comunicándose.

Como reacción emocional al encuentro, tuvo diarrea dos días; “quizá los elefantes le dijeron: ‘aun no te queremos’”, comentó Sissler-Bienvenu.

La manada emigró en junio por la temporada de lluvias que termina en octubre y para cuando regrese, tal vez Nania pueda volver con su mamá.

También en tema genético, un cable de EFE retomado por El Mercurio de Chile el 13 de septiembre, informó que la empresa Colossal está buscando clonar mamuts para “restaurar ecosistemas perdidos y frenar o revertir los efectos del cambio climático”.

Sus dueños, los científicos Ben Lamm y George Church, han recaudado 15 millones de dólares para el proyecto de “desextinción” que dicen preservará el futuro de la Tierra llevando especies extinguidas a sus hábitats originales.

Entre ellos, el mamut lanudo de la tundra ártica desaparecido hace miles de años que esperan clonar pronto, para llevarlo al Ártico.

 

 

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