¿Qué le debe?

“Ni una sola palabra de crítica [de López Obrador] al cobarde racista que momentos antes del asalto al Capitolio, arengó a los supremacistas…”. Foto: quotationof.com

Por Teresa Gurza

La prensa mundial mostró la violencia en el Capitolio, calificándola de asedio a la democracia y responsabilizó a Trump por ella.

Su vecino el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, lo acusó de incitar a ‘revoltosos violentos’ a asaltar el Capitolio.

La canciller alemana Angela Merkel, lamentó que “no haya reconocido su derrota desde noviembre… eso estableció la atmósfera que hizo posibles los actos de anoche”.

Macron y otros mandatarios civilizados, lo condenaron.

Y después de años de permitirle calentar a sus partidarios, las redes sociales lo silenciaron para evitar siga avivando la hoguera.

Políticos, empresarios y magnates estadounidenses y los expresidentes Bush, republicano, y Clinton y Obama, demócratas, demandaron su inmediata remoción.

La presidenta del congreso Nancy Pelosi, pidió a los congresistas republicanos lo destituyan; y a los militares, impidan tenga acceso a los códigos nucleares.

Aliados como el vicepresidente Pence, el secretario de Estado Mike Pompeo, y fiscal general interino, Jeffrey A. Rosen, le retiraron apoyo y lo dieron a las instituciones.

Senadores republicanos de Nueva York, Florida, Carolina del Sur, Montana, y Oklahoma, entre muchos, coincidieron en que quienes tomaron el Capitolio son “alborotadores, insurrectos, matones, terroristas y criminales” y deben ser enjuiciados.

Otros legisladores republicanos le pidieron renunciar, “porque cayó en un nivel de locura impensable”; y diputados demócratas han iniciado un juicio político, “por incitar a la insurrección.”

La secretaria de Transporte, la secretaria de Educación, la jefa del personal de Melania Trump, la secretaria social de la Casa Blanca, la subsecretaria de prensa, y el adjunto de seguridad nacional, renunciaron tras los disturbios.

Y la mismísima esposa de Trump advirtió, “no debe permitirse que la pasión electoral se convierta en violencia”

Pero el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, es de otra opinión “…no tomamos postura…”, dijo y agregó que no le gusta que Twitt haya violado el derecho de expresión de Trump.

Esa es nuestra indignante y triste realidad.

Ni una sola palabra de crítica al cobarde racista que momentos antes del asalto al Capitolio, arengó a los supremacistas: “Vamos a dirigirnos al Capitolio… Nunca recuperaremos nuestro país siendo débiles. Debemos demostrar nuestra fuerza”.

Y luego, como si le fuera ajena, condenó la violencia que causó la muerte de 5 personas, 14 heridos y más de 50 arrestados.

Collón como es, declaró estar “escandalizado por la violencia” y prometió “una transición de poder tranquila, ordenada y sin problemas”; aclarando, que no irá a la toma de posesión de Biden.

Qué bueno, estaremos más tranquilos; pero confío que su ausencia no se deba, a alguna “sorpresita” porque se anunciaron asaltos a decenas de edificios públicos.

Lo sucedido en Washington era previsible y no empezó esta semana ni lo impulsó un loco desconocido o a algún ayatola religioso.

Comenzó hace décadas y como no se combatió a tiempo, permitió que Trump fuera electo por millones que no lo siguen a pesar de sus burlas contra las mujeres y su odio a mexicanos, pobres, inmigrantes y diferentes, sino precisamente por eso.

Y es indignante que día a día se confirme, lo que muchos periodistas hemos venido diciendo hace años.

En mi caso, desde la primera candidatura de Trump: AMLO y él son iguales y nada les importa provocar violencia, si sirve a su causa.

Igual de machistas, prepotentes, narcisistas, groseros, ignorantes, mentirosos, tramposos, y provocadores; iguales, en sentirse víctimas de conspiraciones, en querer cambiar las reglas del juego cuando pierden, y no aceptar que alguien se les oponga y menos, les gane.

Igual de miedosos, si los hechos se complican; iguales, al fingir demencia y buscar no se sepa que fue su mano la que meció la cuna, aventó la piedra o detonó la bomba.

Su diferencia es que, siendo ambos conservadores, Trump lo asume con petulancia; mientras López Obrador quiere pasar, como de izquierda.

Y en el miedo que AMLO le tiene; porque para amor, ya es mucho, ni su novio que fuera.

¿Qué le sabe, qué le debe o qué le entregó, además de 27 mil soldados en la frontera para frenar la entrada de centroamericanos?

Ojalá lleguemos a enterarnos.

Y ojalá que Trump salga destituido de la Casa Blanca antes del 20, cuando tendrá que irse por las buenas o por las malas y como lo sabe, hasta podría renunciar para salvarse.

El 6 de enero de 2021 quedará en la historia de Estados Unidos como el día en que, atendiendo al llamado de un presidente trastornado por la derrota, turbas pretendieron atacar la democracia invadiendo el Capitolio, durante la sesión que ratificaba el triunfo de Joe Biden.

Y en nuestra historia, por la actuación de un presidente timorato al que el pavor le asoma por donde puede.

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