Salvadoreños de Washington reiteran su desacuerdo con la reelección de Bukele

No todos los salvadoreños de la diáspora apoyan la forma de gobernar del presidente Nayib Bukele. Foto cortesía.

Redacción MLNews

No son muchos, pero son constantes los mensajes de rechazo a la reelección del presidente Nayib Bukele, que miembros de la diáspora salvadoreña en Washington, D.C, Maryland y Virginia vociferan a gritos frente a la Embajada de su país ante la Casa Blanca.

La última participación de los manifestante tuvo lugar este jueves 27 de octubre a partir de las 6 de la tarde, lo que convierte su participación en algo simbólico, ya que esa sede diplomática cierra al público a las 4 de la tarde.

Consuelo Gómez, quien tiene un hijo que guarda prisión, así como un joven víctima del régimen (centro) quien se mudó a esta área recientemente, están participando en las protestas. Foto cortesía.

Con seguridad a la hora que los manifestantes inician su protesta—algunos con con megáfono en mano— para lanzar sus estribillos y consignas a todo pulmón, el personal de la Embajada, incluyendo a la embajadora Milena Mayorga, seguramente ya van camino a sus casas o se encuentran en ellas, los que viven cerca.

“No a la reelección”, es el grito que más se escucha cada vez que participan al frente de esa sede diplomática ubicada sobre la calle 16, a pocas cuadras de la Casa Blanca.

Uno de los mensajes principales de la protesta. Foto cortesía.

De igual manera suenan otros estribillos como «Bukele fascista vos sos el terrorista”, así como también “Bukele, la diáspora te repudia por corrupto y tirano”.

Opositores al régimen de Bukele sostienen que su discurso televisado del 15 de septiembre, donde dio a conocer sus intenciones de reelegirse, viola la Constitución de El Salvador .

Eso permitiría al presidente, señalan, reforzar su control autoritario y demoler lo que queda de la constitución, la separación de poderes y el Estado de derecho.

Otros van más lejos y se muestran pesimistas, pues temen que en El Salvador se estén reproduciendo las condiciones opresivas que desencadenaron la sangrienta guerra civil de 12 años (1980-1992) entre las fuerzas beligerantes (guerrillas) y el gobierno militar de derecha, respaldado por Estados Unidos.

Ese conflicto acabó con la vida de más de 75 mil personas, miles de desaparecidos, familias desintegradas, deterioró la economía y finalmente llevó a cientos de miles de refugiados a las grandes ciudades de Estados Unidos como Los Ángeles, Houston, San Francisco, Nueva York y el área metropolitana de Washington (que incluye condados de Maryland y Virginia), donde en la actualidad residen más de 500 mil salvadoreños, que es la comunidad latina más grande de la región y la segunda en todo Estados Unidos, después de la que vive en Los Ángeles, California.

Presencia constante frente a la embajada salvadoreña en Washington. Foto cortesía.

Para los críticos, El Salvador de hoy —a más de tres años del régimen de Bukele— atraviesa una oscura noche de retroceso a los años 80 y 90, anulando la democracia, al eliminar la separación de poderes, el estado de derecho.

También amenaza constantemente la libertad de expresión y de prensa, acceso a la información pública, implementación de leyes y mecanismos de espionaje, leyes de «orejas» y «pone dedo», que tiene como única finalidad esconder la ya innegable corrupción, ineptitud e incapacidad del régimen para el manejo de los temas de país.

La oposición, que incluye a muchos de la diáspora, exigen al gobierno de El Salvador que se pongan a trabajar sin tapujos, en función de los intereses de los salvadoreños, cese de la represión, alto a la persecución política, libertad para los presos políticos, alto al terrorismo de estado.

De igual manera exigen medidas urgentes para atender las necesidades más básicas de la población, alto a la corrupción y al saqueo público, eliminar la ley bitcoin, restablecimiento del Estado de derecho y restablecimiento de la democracia.

Así mismo, exigen un alto a las intenciones de reelección del presidente, y que dejen de una vez por todas de jugar con el hambre y la vida del pueblo.

 

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