Vista parcial de los asistentes al recordatorio del martirio de Monseñor Romero. Foto: Ramón Jiménez.
Por Ramón Jiménez
Hombres y mujeres que se vieron obligados a emigrar de su país ante la constante persecución del gobierno de Nayib Bukele por medio del régimen de excepción, testificaron sus duras experiencias durante la conmemoración de 44 aniversario del martirio de Monseñor Oscar Romero, cuyo nombre fue elevado a los altares por el Vaticano como San Oscar Arnulfo Romero.
Las personas que testificaron durante el evento celebrado este domingo 24 de marzo en la Casa Rutilio Grande, en Hyattsville, Maryland, pidieron que sus nombres no fueran mencionados, ya que sus casos todavía están siendo procesados con la ayuda de abogados expertos en migración.
“Hay un aparato estatal con el régimen de excepción que trata de perseguir por decir la verdad”, dijo una de las personas, quien antes de llegar a la región metropolitana de Washington estuvo detenido y solamente fue puesto en libertad con la ayuda de comunidades organizadas.
Los salvadoreños perseguidos no dejan de llegar a Estados Unidos, en particular a la región metropolitana de la capital estadounidense, donde viven más de 500 mil salvadoreños, que la convierten en la comunidad latina más grande de esta región.
También asistió al evento en honor a San Romero una madre y sus tres hijas, quien tiene una gran historia como para escribir un libro, ya que fue perseguida, vejada y perdió todas sus pertenencias, tuvieron que esconderse en una casa de seguridad, donde dormían en el suelo raso y estuvo a punto de estar presa por “usurpación”, según amenazas de la Policía Nacional Civil (PNC).

Además, a un hijo suyo lo tuvieron 5 meses en el Centro Penal La Esperanza, conocida como Mariona; tras ser puesto en libertad tuvo que salir hacia un país de América del Sur, donde se encuentra en la actualidad, lejos de su familia. Para esta madre “es una de las cosas que marcaron mi existencia”, dijo.
“Estamos saliendo [de El Salvador] por un gobierno que reprime a la gente”, denunció la madre, quien asistió a la Casa Rutilio Grande junto a sus hijas.
Otro de los recién llegados al área de Washington contó con lujo de detalles como la PNC no solo capturó a su hermano sino también a la esposa y su suegra.
Por eso decidió emprender viaje a este país junto a su esposa, antes que llegaran por ellos los agentes de la PNC.
“En El Salvador uno no se puede expresar libremente; la policía se pone una meta y se llevan a cualquiera para cumplirla”, remarcó.
El último de los recién llegados que testificaron en el homenaje a Monseñor Romero, dejó todo atrás en su país a pesar de que fue “una decisión difícil, ya que nunca se había visto tan vulnerado”.
“En el régimen actual hay una degradación total del sistema de justicia”, recalcó
Continúa el deseo insaciable del gobierno salvadoreño por capturar bajo sospechas
Desde que hace más de dos años el gobierno de Nayib Bukele dio inicio a la captura de miles de personas bajo el régimen de excepción, una alto porcentaje de las más de 70,000 personas que han engrosado esa cifra —entre hombres y mujeres de todas las edades—, son víctimas que han sido privadas de libertad bajo sospecha de “asociaciones ilícitas”.
Después de sus capturas, que muchos atribuyen a “cuotas o metas” que los agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) tienen que llenar por órdenes de sus superiores, las víctimas permanecen encerradas por largos periodos de tiempo, sin que se les compruebe ninguna falta que amerite su captura, ni tampoco son llevados ante los tribunales competentes.
En esa situación se encuentran cuatro hermanos originarios de la ciudad de San Miguel, en el oriente salvadoreño, donde los cuatro fueron capturados con algún intervalo. Caso al que tuvo conocimiento este medio vía telefónica y por las redes.
Los dos primeros hermanos han permanecido encerrados durante más de un año. Por si eso fuera poco, el tercero fue capturado este 18 de marzo y el cuarto dos días después (20 de marzo). Tres de ellos dejaron a sus mujeres e hijos y uno solamente dejó a su pareja.

“Es un caso asombroso que cuatro hermanos de una misma familia ahora se encuentren guardando prisión quién sabe por cuánto tiempo; qué clase de gobierno tenemos que pueda cometer semejante injusticia”, comentó una dama migueleña que conoce a los cuatro jóvenes, cuyo nombre pidió se omita, porque teme cualquier represalia en su contra.
El menor de todos, quien cumplió 22 años este mes, a pesar de que siempre se mantiene alejado de las malas influencias, se encuentra desesperado y hecho todo un manojo de nervios pensando lo peor que le pueda ocurrir.
El joven comenta que con la ley de excepción vigente en su país, si alguien no tiene ningún caso con la ley “la PNC se lo inventa”, porque tienen metas que cumplir y llegan directo a sus casas a capturarlos.
El joven corpulento, de ojos color miel y muy reservado para hablar, no quiere ser el quinto de la familia en estar recluido adentro de un centro penitenciario «por algo que no debe», y ganas le sobran para salir del país como muchos lo han hecho ya, expresó.
