Foto cortesía NBC Washington
Los estudiantes de último año pensaban que entraban a otra celebración de fin de curso. En su lugar, se encontraron con figuras de cartón a tamaño real de sí mismos cuando eran niños, esperando junto a cajas de cartón que sus padres habían preparado con esmero a lo largo de varios meses. En su interior había uniformes diminutos, peluches, fotografías descoloridas, cómics, notas escritas a mano e incluso un par de alas desgastadas de Buzz Lightyear, guardadas desde una mañana de Navidad de hace mucho tiempo, reportó NBC4.
A medida que los estudiantes del Country Day School, en San Rafael de Alajuela (Costa Rica), entraban en el recinto, muchos rompieron a llorar de inmediato. Algunos se cubrieron el rostro con las manos. Otros se fundieron en abrazos con compañeros de clase con quienes habían pasado casi toda su vida en el mismo campus; un lugar donde muchos habían comenzado siendo apenas unos niños pequeños.
Jack Young, director general de la escuela, bromeó más tarde en una entrevista con TODAY.com diciendo que agradecía no haber sido captado por las cámaras llorando junto a los chicos. «En cuanto los vi entrar, se me empezaron a aguar los ojos», relata. Lo que más le conmovió fue la vulnerabilidad pura y sin reservas de unos estudiantes a quienes había visto crecer a lo largo de los años.
