YA ES SUFICIENTE, de Grego Pineda

Foto cortesía

Por Armando Alzamora*

La aparición de Ya es suficiente (2025), el más reciente poemario del salvadoreño Grego Pineda, nos exige trazar las coordenadas necesarias para enlazar las dimensiones de su trayectoria vital, literaria y política. Radicado hace unos años en Lima —donde ejerció como embajador de El Salvador, estudió una maestría en la Pontificia Universidad Católica del Perú y publicó un agudo estudio sobre Clorinda Matto de Turner— y afincado hoy en Washington, Pineda ha asimilado las corrientes de la intelectualidad limeña contemporánea y la literatura peruana. El volumen resultante es un espacio de fricciones «interdisciplinarias» donde la lírica cohabita con otros registros, tanto propios como ajenos, tales como las fotografías del antropólogo visual Alex Marchán o la introducción crítica de Mariana Libertad Suárez. Esta arquitectura inicial nos advierte que estamos ante un texto múltiple: la imagen fotográfica no ilustra el poema; polemiza con él en un juego de contestaciones mutuas.

 

Poetas

A una generación de Poetas salvadoreños

Había que blindar el alma para no envilecerse

Había que endurecer sentimientos, ahogar llantos, aplazar la

desesperación y acobardar los miedos para no ahuyentar la esperanza amenazada.

Había que negarle el dolor al cuerpo para no dar el grito

que ellos esperaban; ni entregarle la vida de otros que ellos

buscaban con saña y con la horca en la mano.

Hubo que reptar entre los verdugos para luego elevarse entre

los ungidos de la patria nueva.

Hubo, en esos aciagos días, personas como tú… para que

gente como yo, ahora, escriba líneas de gratitud, admiración y

esperanza. Esperanza que tu no entregaste ni dejaste morir.

Hoy es tiempo de descansar, poeta: reposa en el silencio

y quietud del anonimato. Y deja que tus versos hablen de

nuevos sueños, pero también de corajes épicos, aunque salpicados por dolores proteicos.

 

En sus primeras páginas, el libro transita de la intimidad a la disonancia. En piezas como «Caricia» y «Ausencia», el autor ensaya una fenomenología del amor y la melancolía que elude la armonía clásica para abrazar una tensión de dualidades y opuestos. Esta veta se radicaliza en «En ti», donde la ternura se deconstruye para revelar la microfísica del dominio: “Tu voz, remanso de ternura, ahora es un instrumento de dominación: escuchar tus palabras/ desesperadas expresando placer y exigiendo lo indecible, son el comando necesario para/ automatizar mi primer movimiento”. Aquí se cumple la premisa del crítico Johannes Pfeiffer: la poesía no opera como un adorno estético, sino como una iluminación de la existencia humana en su estado más vulnerable. Pineda arranca la máscara del idilio para confrontar al lector con la crudeza descarnada del vínculo afectivo real.

Esta capacidad de reducción conceptual se agudiza en composiciones breves que rozan el aforismo. Por ejemplo, en «Celos», ejecuta una disección anatómica del sentimiento, despojándolo de cualquier residuo romántico, mientras que en «La filosofía y yo» encarna una provocativa fusión donde el logos abstracto es asaltado por la urgencia de lo corpóreo. Sin embargo, el gran quiebre estilístico ocurre en «iPhone». A través de la ironía, la frialdad del dispositivo tecnológico se convierte en el escenario de un abandono conyugal: “Ayer me abandonó mi esposa. Buscaré en Google por qué se fue”. Es imposible no leer esta pieza bajo la tesis de Walter Benjamín sobre la pérdida del «aura»: la técnica moderna desgasta la cercanía humana, y Pineda registra el extrañamiento de un sujeto atrapado en un ecosistema hiperconectado, pero existencialmente desértico.

No obstante, el verdadero peso ontológico del libro se desplaza de lo privado a lo colectivo. En poemas como «Tiempo de guerra civil» y «Secuestro», Pineda asume un devenir trágico ineludible. El poeta parece estar enfrentado siempre con fuerzas inimaginables y adversarios inadvertidos. Así también lo leemos en el brillante “El poeta y el comandante:

“El comandante siempre quiso ser poeta. / […] Trató de formar un grupo literario y no pudo. / Y en esas andanzas conoció al poeta y novelista. / Cierto día […] ambos conversaban sobre la vida, el amor, versos, antologías y corrientes poéticas, y el comandante se frustró tanto que […] disparó en la sien del ya famoso poeta. / […] ordenó con voz marcial: ¡Desháganse de este poeta de mierda! / Y tampoco pudo”.

Vemos aquí lo que Walter Muschg llamaba la «tragicidad del destino creador»: el poeta deja de ser un mero artífice del verso para convertirse en un testigo herido por la historia. En cierto sentido, estos textos también operan como una reactivación de la memoria y la redención, un intento de releer la historia para rescatar el sufrimiento de los oprimidos ante la barbarie de la Guerra Civil en El Salvador (1980-1992). La palabra se despoja de virtuosismo y se vuelve testimonio; un grito ético que se justifica en el título del libro.

Finalmente, desde una perspectiva editorial, es lícito señalar que el volumen se habría beneficiado de una selección más depurada. Sin embargo, este reparo formal no disminuye la altísima tensión dramática del conjunto ni la brillantez de sus momentos cumbre. La madurez de la voz lírica de Pineda encuentra su absoluto en poemas como «Carta del desespero», pieza que erige este poemario como un homenaje a la lucidez dolorosa. En definitiva, Ya es suficiente es una obra que nos permite entender cómo la poesía contemporánea puede seguir siendo, simultáneamente, un riguroso laboratorio de la forma y un espejo ineludible de nuestras fracturas íntimas e históricas.

(*) Armando Alzamora es docente, escritor y editor. Ha publicado el libro de cuentos Un perro yonqui y el libro infantil Hermonos. Dirige el sello independiente Colmena Editores.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos Relacionados