Ella, esa, aquella
Por Nechi Dorado La mujer sigue allí, en la misma esquina donde algún día incierto naufragaran sus años que con seguridad fueron más vegetados que vividos. Nadie la reconoce por su nombre o apellido, para todos ella es simplemente ella, esa, aquella, cuando no, la rotosa, la mugrienta, la vieja…
