La esperanza de un puente sobre el río Sapo sigue vigente

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Por Gerado Chicas/para ML Noticias

SAN MIGUEL, El Salvador.– En la zona sur de la población de Meanguera, a la altura de la parte baja del río Sapo en el oriental departamento de Morazán, cuatro comunidades han sido testigos durante décadas de la falta de desarrollo y de las condiciones de extremo peligro en las que viven sus habitantes.

El caserío Los Mejía, jurisdicción de Meanguera, fue escenario de algunos de los momentos más difíciles durante la guerra civil de 12 años, siendo uno de los sectores más transitados en los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas de El Salvador (FAES) y las fuerzas beligerantes del FMLN.

Sin embargo, más de cincuenta años después, sus habitantes continúan esperando del gobierno central una obra tan necesaria como es un puente o una pasarela moderna y fuerte que les permita cruzar el río de forma segura.

En la actualidad, la espera y la esperanza siguen vigentes.

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Un centenar de niños utiliza diariamente una improvisada «garrucha» o polea para cruzar el río y asistir a la escuela.

Asimismo, miles de personas de comunidades como Las Mesas dependen de este medio para trasladarse y realizar sus compras o llegar a la capital departamental San Francisco Gotera o más allá. Cada viaje representa un riesgo para su integridad física e incluso para sus vidas.

Para comprender la magnitud del peligro, es necesario conocer las condiciones del río. En el sector de Los Mejía, el río Sapo tiene una amplitud aproximada de 15 metros. Durante la época lluviosa, cuando se desborda cada año, puede alcanzar hasta 4 metros de altura, inundando parte de los caminos que conectan la Ruta de Paz con el caserío El Barrial.

La única alternativa para cruzarlo es la garrucha: una estructura artesanal sostenida por dos cables de aproximadamente 30 metros de longitud. De ellos cuelga una banca metálica semejante a una jaula de hierro, cuyo movimiento recuerda a las sillas suspendidas de una rueda de feria conocida popularmente como «La rueda de Chicago», ciudad del estado de Illinois donde se conoció por primera vez en una feria de 1893.

Mientras el tiempo avanza, las comunidades continúan esperando una solución definitiva que garantice el derecho a la movilidad, la educación y la seguridad de cientos de familias que diariamente desafían el peligro para continuar con sus actividades cotidianas, lejos del aparente «primer mundo» en que viven los capitalinos y otras áreas privilegiadas del territorio salvadoreño, aunque este solo sea un mito.

Editado por Ramón Jiménez/ML Noticias

El inofensivo río Sapo durante el verano es un lugar visitado por tos turistas y por animales silvestres. Foto: Google.

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