Magia de Christian Pulisic catapulta a Estados Unidos a octavos de final

Por Willians A. Castillo

El espectáculo más maravilloso del mundo suele ser la pasión más maravillosa del mundo. Cuando se reúnen coraje, voluntad, ambición, valentía, audacia, orgullo, franqueza, esfuerzo, decisión y afecto más lealtad por el juego, el fútbol encuentra su máxima expresión. Esa clase de partido ofrecieron Estados Unidos e Irán ante 42,127 espectadores en el Al Thumama Stadium. Con un cierre impresionante, emocionante. Muy emocionante del Grupo B Qatar ‘22. Parecía que el circunstancial 1 a 0 ya estaba sellado, dentro de un ida y vuelta apasionante. Pero Estados Unidos tiene a Christian Pulisic, quien a los 38 minutos de la primera etapa liquidó el pleito con un remate fulminante al lado izquierdo del meta iraní Alireza Beiranvard.

El equipo de todos capaz de superar cualquier tipo de objeciones. Hubo química adentro, hubo tensión adentro. Y hubo reconocimiento afuera. Por encima de la explosiva alegría y de las profundas tristezas.
Los mitos señalan que cuando un equipo se enfrenta a otro candidato para clasificar, suele ser un partido peligroso, difícil. Cuando en realidad, si a capacidades colectivas y cualidades individuales nos atenemos, tendría que ser al revés, en todo caso.

Debate al margen, sobre certezas o errores en aquel concepto, Estados Unidos e Irán se emparejaron por la razón de las necesidades de clasificar. Urgencia en Estados Unidos para mantener la misma vía con Países Bajos (Holanda).

Pero el apuro de Estados Unidos se sostiene en otra banda de calidad. Y por eso salió a prepotearlo a Irán, apenas entró a rodar la pelota. Irán no se redujo a ser un equipo sparring. Pero prevalecía Tyler Adams en el manejo de la pelota. Y acompañaba Yunus Musah, pese a su evidente inferioridad física. Iba Estados Unidos, devolvía Irán. Pero amenazaba más el equipo de todos. Porque arriesgaba en todos los sectores. Partiendo por Joshua Sargent, siguiendo con Timothy Weah o Pulisic, revoloteando con Weston McKennie y Musah. El esfuerzo atrás de Sergino Dest y el empecinamiento de Cameron Carter-Vickers alcanzaron a equilibrar el desarrollo a lo largo y a lo ancho de la cancha.
Pero Estados Unidos apunta a dos frentes y las ‘casacas azules’ de Gregg Berhalter acusan el desgaste. Y enseguida, con Ramin Rezaeian ubicado en posición defensiva para un tiro directo, cabeceó Saman Ghoddos y el meta estadounidense Matt Turner salvó su portería. Y al rato, afuera Dest. Pero ninguno firmó la tregua. El golazo de Pulisic fue el envión definitivo para pasar de partido a partidazo. No nos quedamos en la observación fría, por la cantidad de pases errados o la falta de conocimientos simples que entregaron algunos protagonistas. Pero rescatamos todo lo otro. Los riesgos asumidos, el temperamento, la actitud, las ganas. Eso, las ganas de ganar.
Conmovía Estados Unidos, porque se notaba que Kellyn Acosta no podía trabar la pelota nunca, pero igual encaraba. Más que el resto que transpiraba y transpiraba. Pero Irán, con todas sus limitaciones, le hacía un guiño grande a la dignidad. Querían tocar, querían armar jugadas ofensivas, querían. Eso, querían. Saeid Ezatolahi se animó y terminó obligando al meta Turner. El estratega Berhalter se emparentó nuevamente con la historia de estadounidense y sacó a Sargent y lo mandó al Haji Wright. Y el encuentro se hizo casi de ida y vuelta. Con más ida de Estados Unidos, agotando la cuota de oxígeno en cada movimiento. Con Adams como abanderado.
Daba la sensación de que no podían quebrarse pese a los sacudones ante los arcos. Mehdi Taremi, cuando se presumía un gol, despachó un remate que concluyó con la pelota en los carteles. Era, suponíamos, la certificación de que el 1 a 0 era inmodificable.
Por ahí andaban Adams y Acosta. Que encaran y a veces pasan y a veces no. Que buscan, aunque no encuentran todos los tiros. Su presencia inquieta, atemoriza y hace subir y bajar la adrenalina de sus custodios. Pero no hay fórmula contra los cracks. No que se la conozca, todavía.
A Estados Unidos le quedan cuatro finales en la Copa Mundial Qatar ‘22. ¿Le dará el cuero para afrontar las cuatro paradas? Esa es la cuestión. Por ahora va octavos. Ya sanó las heridas del alma. Hay que ver si sana las heridas del cuerpo. Esa parece que será su batalla más dura. Dura de verdad y lo tendrá que afrontar el 3 de diciembre ante Países Bajos (Holanda) a partir de las 10:00am.

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